voyeureka

A causa de la radiación de fondo cósmica emitida por el Libro del Voyeur, se generaron más textos que se miran perplejos los unos a otros [y ahora qué hacemos?].

A mí me sucedió este:

VOYEUREKA

Nos hipnotizan las persianas que se abren en ventanas de enfrente
los operarios que caminan sobre tejados
la gente cuando ha bebido un poco
y también
también emerge a los tejados
con gran peligro para la vía pública
y sus fémures ingenuos.
Nos vampiriza el ventanismo
el alto espionaje entre visillos
la obsesión que cristaliza.
A todos un poco.
Nos vampiriza.

Y al mismo tiempo cualquier hueco
personalmente
me abate.
Me recuerda que.
Me aplasta contra el patio
de un texto herido por los puntos.
Por los suyos.
Que son los míos.

Ventanas de guillotina,
oscilobasculantes,
onduladas en chapa vieja
por el hueco arcilloso de una mano.
Vanos con ojiva,
compuertas estelares
de 8 y 12 puntas.
Escotillas que parpadean hasta transformarse en
ojos amnióticos de buey.
Ventanucos de pacotilla
y a lo lejos trenes en marcha.
Por casi todas hemos asomado
nuestra cabeza inocente
esperando
vigilando
haciendo el tiempo
-haciendo el tiempo!-
a punto de.

Desde ahí arriba, nos repugnan hasta la fascinación
las gaviotas que aúllan estirando el cuello como lobos
lobos blancos
o las ancianas que también se inclinan hacia la calle y no nos ven
-bata rosa-
en un tropismo del que aún poco sabemos.
Una pantalla a lo lejos –qué retransmite? y quién la ve?-
sombras en las que creemos haber visto algo
persianas misteriosas, remotas como la propia Persia
gente que ríe, discute, alcanza su orgasmo
en áticos inalcanzables, en cristales que golpean.
Los subsaharianos y el plástico
en su cosa rota.
Que sepamos nunca se han quejado de ella
al propietario del edificio.
Y girando sobre todo eso
un cosmos taciturno, que ni afirma ni rehúsa,
chatarra espacial sujeta con
supercuerdas a la deriva.

Nuestro propio vaho nos impide ver bien el verso siguiente.
Ah, sí! Ahí lo tienen:
el chico que fuma en el primero y lanza las colillas a la acera…
yo la miro
esa brasa anaranjada de las noches del verano
-la soledad de otros, eso sí nos acompaña-
esa zurda suya y su tiro parabólico
con esa modalidad de lo sexy que es
el no tener ni idea
y él desnudo, bello, sin ideas, acodado en su alféizar
del mismo blanco roto de esta página
en la que una vez escribí todas estas cosas
página que luego doblé y doblé –de nuevo-
hasta un avioncito de papel.

Un avioncito de papel.

Cualquier Gran Texto de la Historia
-incluso este-
puede acabar sus días como un
-arrojado desde un sexto piso-
avioncito de papel.

O empezarlos.

2010

Anuncios