base de datos: obsesiones

BASE DE DATOS: OBSESIONES

Me obsesiona el futuro.
Cuántos escritores hay leyendo esto
sin saber que algo les influiré
a su pesar
con todo.
Me obsesiona que él se encuentre bien.
Que las rocas del espacio se exhiban indiferentes
que no todo en ellas sea significativo
ese alivio cósmico
me obsesiona.

[…]

Me obsesiona escribir extraordinariamente
lo que sé que podría escribir de puta pena.
Me obsesiona qué pasó con Lucy
la australopitheco
y las tres huellas de Laetoli. Hacia dónde. Y. Por qué.

[…]

Salir a la calle a cruzarme con un chico
más joven que yo que mirará en mis ojos
y a ellos, como un ácido, arrojará su vida.
Me obsesiona intimidarlo
la intimidación de mi propia intimidad
mi tímida intimidad
en este texto
en el subtexto del deseo
masculino en mis hechuras femeninas.

La obsesión de los deseos.

Me obsesiona no vivir en guerra
y que nadie amenace con volarme las ideas.
Lo agradezco pero
es sospechosa tanta paz.
La palabra país no me obsesionaba a pesar de que
todo en la naturaleza indica que ha de obsesionarme.
Los árboles me miran interrogantes esperan nombres
que yo no sé darles, yo no, sino Dorotea, la bisabuela
que jamás dejó de estar sola
en su
ca
ri
cola.
Se imaginaba a sí misma mi bisabuela
como una gran ammonites mi bisabuela, seguramente
tampoco ella contaba con nombre para eso.
Una mujer obsesionada con su propia naturaleza
furiosa de leira herida.

[…]

Dos generaciones después, he aquí que en la pequeña ciudad me obsesiona ganar una miseria
y que no me obsesione ganar mucho más dinero.
Debería ansiar el poder y el dinero. Debería porque.
El prestigio. El Nobel.
En el fondo
siempre me entristecen esos mis ciertos
atisbos de genialidad.
Como todo el mundo siento que a veces abro mis ojos
y un láser arrasa el mundo que conozco.
La lucidez, fina como es como un bisturí,
no cabría por el ojo de la aguja con que la razón nos cose
a cada milimétrica punta de emoción.

[…]

Me obsesionan -en ciertas posturas- la caverna de Platón,
la caña de Pascal, la almohada de Shonagon,
el sello del anillo de Spinoza, el brazo perdido de Valle y sus barbas
y las de Tolstoi y las de Whitman, similares en caos y alegría.
El maldito maletín negro de Benjamin
y la calidad de las piedras en el bolsillo de Woolf.
Blavatsky en el cerebro perdido de Lovecraft.
Tesla y Buckminster mano a mano, el rayo mortal en la nave espacial Tierra.
Los dos nacidos en mi mes.
Eclipsados los dos en su momento
para poder relamernos con gusto sus heridas en el nuestro.
El lugar de Taramancos, me obsesiona
si existe un pulmón allí enterrado.
Y las erres arrastradas de Lispector y las de Cortázar, y que todo eso
se arrugue como un papel en las manos de un monstruo.
Ramón Llul, me obsesiona.
Su capacidad de darle a todo, a todo, sí.
Yo le daba a todo y eso ha devenido en
una maldición promiscua de la que ansío librarme.
El polifacetismo. No encuentro insulto peor.
Sólo sé esto: escribir.
Sé hacerlo bien. Lo hago desde niña
en soledad y en penumbra
bajo la manta y el nogal lo hago
sin pedirle explicaciones a los virus por ser ellos
más inmortales que yo y que tú
y que este verso que estamos agrietando juntos,
tú de ese tu lado
y yo de este el mío,
tan riquiños
los dos.
Y si esto era un verso, cómo es que nadie lo recuerda?

[…]

Nada de mendigar por los periódicos una columna de san simeón a la que encaramarme.
Nada de pedir limosnas culturales, ni sonreír en las fotos sé.
No llevo bien los halagos, las críticas peor.
Me obsesiona no saber cómo gestionar un éxito repentino.
Me obsesiona que a esto le llamemos poesía sólo porque
he querido cortar la frase ahí: qué hay de truco en todo eso?
Un ilusionismo barato
baratísimo
no te cuesta nada leerme ni odiarme.
Debería cobrarte.

[…]

Los autómatas me obsesionan y todo
aquello que nos recuerda que somos reproducibles.
El clon del clon del clon
con esa palabra que es casi una onomatopeya.
Quién tomaría en serio a su clon? Y sin embargo
sería nosotros, dispuesto a donarnos su páncreas si hiciera falta,
sus dos aurículas y sus dos ventrículos:
mucho mejor persona que muchas personas nativas.

[…]

Me obsesiona -por las noches que no duermo-
la ciencia en la literatura como una
inyección de abismo en el tórax
como una –como una-
ecuación donde la emoción se despeja y gravita pelada
sólo sus huesos bajo el infinito.
Temblorosos.
Algo tan parecido a ti.
Que me acusen de experimental, me obsesiona.
Que no me acusen de experimental.
Seré yo, maestro? Seré yo?

[…]

Me obsesiona mi inseguridad
que certifica a los demás que nada hago a derechas en su presencia
cuando el fantasma de la perfección se me aparece en sus ausencias
clarito y diáfano como toda aparición a solas.
Me obsesionan esas entrevistas llenas de tonterías deformadas
por la supuesta necesidad de la información.
De la necesidad a la necedad en un par de siglos.
Que se dice pronto.
Nadie necesita que yo le explique nada.
Las entrevistas no pueden suplantar una obra.
Una obra no puede suplantar tu mano.
Tu mano no puede suplantarte.

[…]

Me obsesiona el crucero hasta Creta
que sólo deseo llevar a cabo con mi madre
para que salga de esto que ahora llamamos España
y la miren los hombres.
Que yo me encamine al palacio de Knossos y ella
se entretenga tomando el sol toda vestida
con una cerveza muy cretense y muy fría
de cháchara con un nativo:
“Todos los cretenses mienten. Si no lo fuese, señora,
diría que es usted bellísima”
y mi madre sonría bajo el sol y la verdad.
Lo he soñado mucho.
De mi madre
también me obsesiona que sepa
que todo mi trabajo es un culto a su persona
a su fuerza sobrenatural
sin ayuda de los hombres,
o a pesar de ellos,
al colágeno natural de su piel
a sus arreglos chapuceros en trajes de chaqueta
a su belleza imposible con una pensión como la suya.

[…]

Me obsesiona la medicación de G. y es por eso
que me obsesionan el cerebro y sus obsesiones.
Un globo redondo que estalla
si lo presiono con un dedo de melancolía.
Esos líquidos raquídeos.
Esa invasión de letargos.
Esa lengua que prende porque
algo en la cabeza no anda bien.
Sostiene un libro entre las manos y el libro tiembla.
Eso es el haloperidol.
Eso es ser clase baja.
No poder salir de una frase
que no estaba destinada a nosotros.
Me obsesiona que G. sepa, que sepas, mi hermano mío,
que en mi cabeza siempre tienes diecinueve
con tu diploma literario, tus medallas deportivas
y la marca que dejaron en el empapelado de nuestra vida
siempre diecinueve
los tienes, abrumadoramente.

[…]

Me obsesiona también
-ya puestos en el núcleo-
mi padre.
De niña me obsesionaba
que no me hubiese conocido a mí.
Ahora me obsesiona
no ser yo quien lo conozca.
Sería un buen tipo?
Era tan joven como viejas las cenizas
de una hornacha castellana que vi un día.
Alguien en una estación me dijo
que mi padre había escrito una novela.
No sé si me mintió.
Me obsesiona esa novela.
Saber si la tecleó
en la olivetti lettera que aún guardamos
con aquel papel carbón para las copias.
Cómo se titulaba.
De qué iba.
Me obsesiona saber que me parezco
a esa compulsión que hace tanto que no existe.
Mi nariz es la suya: a los quince
me obsesionaba operármela
porque creía –creía-
que era lo único terrible de mi alma.
Mi fea nariz de mujer fue una vez
su hermosa nariz de hombre.
Ahora no quiero perderla
y la acaricio a menudo.
Su hueso prominente
es sus huesos hundidos en la historia.
No quiero perderlos, eso
eso me obsesiona

[…]

Me obsesiona la obsesión de un neanderthal.
Si algo intuyó sobre el tiempo que le quedaba.
Si acertó a adivinar qué especie torpe le haría tropezar.
Me obsesiona el cosmos y su falta de obsesiones.
Debería manifestar alguna histeria, alguna neura.
Un grito en el vacío de vez en cuando.
Nos haría sentir mucho mejor.
Lo único obsesivo es
el aire de no ir a dejarnos nunca
que tienen las estrellas
su cómica duplicidad
su talento poco reconocido.
Me obsesiona pensar que algún día
descerrajaremos todo eso
y se acabará la magia.
Me obsesiona el principio de un poema
como me obsesiona su final.
Como me obsesiona su final.

[…]

Como me obsesiona no repetirme. Y como me obsesiona
el parpadeo de los libros, del papel
el de la propia tierra cuando se abre
cuando se cierra.

Y te ha engullido.

Estíbaliz…Espinosa

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