una estrella peligrosa para la noche del Cosmos

Cada poco, hablo de lo mismo. Soy como las viejas. Soy una, en concreto, de 73. A ver, déjame recordar. Mi hermano tendría 16 años y yo unos 7. Vimos los capítulos en las cenas. Supongo que yo no los vería completos, me mandarían a la cama antes de que terminasen. Pero recuerdo a Carl Sagan semi-doblado por la voz de José María del Río [ a mí, para un utópico remake de Her llamado Him, pónganme la voz de ese señor en el sistema operativo sexy], con la chaqueta de pana y el jersey de cuello cisne, paseando y soplando dientes de león desde unos acantilados que a mí no me parecían otros que los de la costa de Dexo, la única costa similar que yo conocía y en la que fui situando a lo largo de las lecturas de la vida todo cuanto requería acantilados en la imaginación: desde las peripecias de los Cinco en enclaves de contrabando hasta las islas del Egeo por las que se demoraba el camándula de Ulises o los riscos desde los que -por lo visto- se suicidaba Safo.

Hoy se estrena, 33 años después, la continuación de esa serie mítica. «Cosmos». A bombo y platillo, cosa que a mí ya me pone un poco en guardia. El presentador será otro, claro, pero Ann Druyan sigue formando parte del equipo de guion, sólo faltaría. Neil deGrasse Tyson será quien lo presente. Un astrónomo extrovertido, algo payaso. Otro charme. Otro estilo.

Antes de empezar a quejarnos con el consabido y algo irritante «la primera serie era mucho mejor» [a lo mejor no es así], quiero traer otro poema de la Lispector. Lispector y Sagan. Nada que ver, en apariencia. No se conocieron nunca. Coincidieron en el tiempo, nada más, uno en Nueva York y la otra en Recife, Brasil. Lispector era casi 15 años mayor que Sagan. Uno, astrónomo, la otra, escritora. Nada que ver.

Pues resulta que sí.

Los dos eran hijos de emigrantes. Emigrantes ucranianos. No del mismo oblast, ya habría sido demasiada coincidencia, pero sí de origen judío ambos. Hijos de judíos errantes, entonces, como media Europa y buena parte del Nuevo Mundo. Hijos y nietos de judíos ucranianos.

Ucranianos de Ucrania. De la de estos días, sí, nuestra Ucrania, de la que hay que tener una opinión o, cuando menos, hacer un juego de palabras con ucronía. Ucrania, mon amour.

Ucrania, Urania.

El poema de la Lispector no habla de Ucrania. Tampoco de estrellas, aunque su título sea una «Estrella peligrosa». Gracias a los amigos J. y T. descubrí más textos de la Lispector que yo no conocía. Este que traduzco hoy, por ejemplo.

Ni idea de si a Carl Sagan le haría gracia este poema o le parecería una mierda. Dado que menciona cosas como «conocer por arte de magia» y «misas negras» y «hechiceros» y «ora pro nobis» es posible que frunciese un poco el ceño, llegada esa parte. Yoquésé lo que haría ese señor, es chunguísimo todo ese rollo de«a X seguro que le encantaría esto», cuando X es un muerto. Me parece de pésimo gusto pretender conocer a un famoso difunto, pegarse de ese modo a él. Tampoco sé qué opinaría la Lispector de que yo esté aquí contando todo esto sobre judíos ucranianos y relacionando a un morocho neoyorquino con una rubia brasileña solo por el fino hilo de la palabra «estrella». Algo hizo clic: siempre cuento que el primer poema que escuché en la vida fue el guion de esa serie de los 80, de la primera «Cosmos». Así que pego esta traducción del poema «Estrella peligrosa» de la Lispector sin más explicación; hoy caminé por la costa de mis costas con J. y T., hablamos de ella y se da la casualidad de que estrenan el supernovo «Cosmos: una odisea en el espacio y en el tiempo» en un canal yanqui. Algo hizo clic. Algo hará crac. Y punto en boca.

Sé que la fascinación por el cosmos vino del Este. Atravesó el océano. Lo sé como sabemos lo que acabamos de inventar.

Buenas noches, errantes.

Estrella peligrosa

Clarice Lispector

Estrella peligrosa
Rostro al viento
Barullo y silencio
leve porcelana
templo sumergido
trigo y vino
tristeza de cosa vivida
árboles que florecieron ya
la sal que trae el viento
conocimiento por ensalmo
esqueleto de ideas
ora pro nobis
Descomponer la luz
misterio de estrellas
pasión por la exactitud
caza de las luciérnagas.
Luciérnaga es como rocío
Diálogos que disfrazan conflictos por explotar
Ella puede ser venenosa como a veces el hongo lo es

En el oscuro erotismo de vida llena
nudosas raíces.
Misa negra, hechiceros.
En la proximidad de las fuentes,
lagos, cascadas
brazos y piernas y ojos,
todos muertos se mezclan y llaman por la vida.
Siento su falta
como si me faltase un diente en la frente:
excruciante.
Qué miedo alegre
el de esperar por ti.

Traducción de Estíbaliz Espinosa

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