un sci-fi cada vez menos sci-fi

Hace unos meses salió en prensa esta noticia:

http://noticias.lainformacion.com/ciencia-y-tecnologia/astronomia/descubren-una-supertierra-potencialmente-habitable-y-relativamente-cerca_Yyr9HJQyeL5zicRclEX9T1/

Y los 6500 millones de terrícolas todos a una, en un mismo clamor -utopías, a mí!- no sabemos cómo celebrarlo: si con alegría [por fin la posibilidad de escindirnos, de fundar otra Gaia, de salvarnos del apocalipsis solar] o con saudade [ y las higueras bajo las que dormíamos la siesta… podremos llevarlas con nosotros?].

Por lo de pronto, sentimientos encontrados. Qué vamos a hacer con ese planeta a 42 años luz? Vamos a hacer algo?

Por lo de pronto ni siquiera sabemos si podremos llegar a el.

Por lo de pronto, cautela. Pero la imaginación, cargada y lista, se dispara.

El año pasado me solicitaron un texto para un libro sobre la Tierra y el medioambiente. Envié este que cuelgo ahora y tiempo después, a raíz de la noticia, me acordé del siguiente detalle: cuando lo estaba escribiendo me parecía una locura, ciencia-ficción absoluta – la voz poética se supone una colectividad que ya no habita en este planeta sino en otro, y aún así contempla en el firmamento el viejo hogar, así, a lo voyeur, y a él se dirige, un pouco supersticiosa, un poco dolorosamente-. Después de ese descubrimiento no lo encuentro tan sci-fi como antes.

Quién sabe a quién le hablaremos en unos miles de años. En qué términos. Y desde dónde.

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| nadie a ciencia cierta |

Qué haremos entonces allá tan lejos? Monos altivos que te hablaban
como si fueses a entenderlos?

| Macizo de Kondyor, Shilin, Guelb er Richat, Tepui Roraima…|

Hacia dónde orientaríamos las grandes lentes
de ser Titán
o Pegasia
o Shiveria
o Abyssia
nuestra nueva Tú?
Hacia dónde y contra qué raro anochecer?

Espacio exterior, al fondo a la derecha.
Dilatamos en lo que se puede las pupilas y ahí estás
llena de ausencia. Nos gustaba verte así
desde ti misma.

Niebla naranja en nuestros vinos helados
sin nada que indique que nos quisiste ni un poquito.
Habremos sido nosotros los tatuadores de grutas
quienes parimos de tus muchos vientres fósiles y mareas negras en las que mojar la pluma, plumas, plumas de carne, pies de pato, plumas prestige, egeo, urkiola
quienes te chupamos la tinta como hijos desnutridos
y tú concentrada en tus cataratas, tundra arriba, en tus viejas lobas
río abajo
tú obsesionada por salvar una pera azul
a ojo
de una extinción en masa?

Nadie a ciencia cierta. Lo fuimos?
O sólo los desesperados que te hablaban
en la noche cavando con sus manos?
Excavando la palabra con sus manos como queriendo con ella
como queriendo con ella salir al otro lado.

Al otro lado. A cuál?

Sacudimos el puzzle de nuestras cabezotas aún alucinadas con tus horizontes
y en el implante de memoria se nos despereza un girasol como mucho.

No éramos, entonces, tus hijos?
Ah, no, espera…o solo los zumbados que te hablaban
como si fueses a entenderlos?

Signos. Enigma de siglos. Signos. Arena de años.
Tinta de tantos. Signos. Signos otros. Tú. Hijos
desorbitados. Desalmados. Designados. Signos.

| Fosa Meteor, Sima de Kamchatka, Fosa de Atacama |

Quizás vengan otros a poblarte ahora que aquí tan lejos
y se sienten a zurcir las cicatrices de tus selvas
inhalando tus venenos en calma sin morir
azules
sin armar un escándalo
desentierren nuestros muertos
y también como narcisos
se bañen en abismos infestados de preguntas panza arriba.
Quizás vengan otros, me cago en su vida, y nosotros
enamorados en masa de la Koré 674
de la nariz del arquero persa, de la Chicago Bean
y, ay, la sonrisa de Daniel
lejísimos de cuanto estuvo a un tiro a piedra.

Pale blue dot. A un tiro de piedra.
Vida que te desvives por morir allá a lo lejos.

Magma mía, duramadre, madreperla que nos has llovido como nadie.
Oímos hablar de tus mares y ya se nos dispara
el reflejo de buceo.
Nos nevabas un poco y los de la ciudad como niños
sonreíamos con dientes de leche, con ganas de guerra.
La ventana encendida de tu nombre nos significaba en el bosque
tarde a tarde. Nos hablabas
a través de la ventisca. Entre hojarasca.
Tu neocórtex creció antes- primigenia Rodinia-
-tatarabuela Gondwana-
-tía segunda Pangea-
hasta la vieja bola de siempre
con su costurón oceánico de arriba a abajo
los pezones de los tepuis
y tus exquisiteces como huevos de equidna.
Planisferio a costa de tanta banderita clavada.

Ser, éramos tu signo. Tu designio.
Tu fase febril de animales con manías.
Bipolares como tú.
Transformistas. Yo qué sé.

Y míranos.
No querrás saber nada de nosotros?
Ni siquiera qué tal nos va o cuántos quedamos?
Si seguimos tan locos como cuando te llamábamos madre
y te curtíamos la piel con minas de sal y norias gigantes?
Rascacielos en Babel, surcos sembrados, catacumbas en vena.
Madre. Si seguimos tan locos.

Seguramente terqueas
concentrada en una hiedra trepadora
por lo que antes fue una torre de París
o los ecos hechos recoveco
de un árbol africano soldado al fin del mundo.

Idiota preguntártelo de nuevo. Se nos extrañará?

Mira que al final nos creímos únicos
profetas en tu tierra. Y míranos ahora.

Te acordarás de nosotros, tus hijos numerosísimos
los de la basura y la chatarra
los chiflados que te hablaban
como si fueses a entenderlos?

| Pacific Trash Vortex, cráter de Darvaza, Blythe intaglios, mecanismo de Antikythera|

| isla Bouvet, villa troglodita de Barry, casa de abuela|

2012

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