monogamias sucesivas en estantes de ikea

Regresé.

Los excesos metaliterarios, antes de dar el salto a otra era literaria más ascética y pseudoanalfabeta -todo esto son conjeturas mías- paren poemas como este, hibridando  nuestro estar-en-el-mundo con nuestro mantener-una-biblioteca y, sobre todo, nuestro relacionarnos con los demás a través de libros.

/monogamias sucesivas en estantes de ikea/

Qué bien quedarían mis tolstois entre tus dostoievskis
petrificados en el hielo de la estantería central, justo antes
de fundirse en campos de nabokovs
hirvientes de bakunins.

Mis coetzees nos acecharían en silencio, madera que cruje un poco
antes de que tus millers se tirasen al suelo a propósito
sólo por desconcentrar a mis ajmátovas.
Mi woolf vendría a oler tu mano
tu mano cunqueirá
y follaríamos a lo pedante, citando a ciegas
y luego nos separaríamos tirándonos colettes a la cabeza
bebiéndonos desdichados gin-hemingways en bares pound de vila-matas
moebius y un tirando a marcoaurelios
y se sabe que volveríamos a ser felices clandestinamente
con un lispector escondido bajo la gabardina
dispuesto a enfrentarse a todos tus mailers
en tarjetas de memoria kingston para tripas electrónicas.

Manuelantonios rasgando su celulosa para engendrar en tinta pizarnik.
Ante mi pezón sin gafas un sagan, tumbado boca arriba bajo el cielo raso
y voltaires devorados por tisanuros y polillas de tu casa de campo.
Y qué sería del enigma del libro con el lomo encuadernado
a la bizantina
que con sólo moverse tres milímetros
en la pared abre un pasadizo hasta la cripta de tus poes
liados con mis vernes.
Lovecraftados con pesar, a veces con vergüenza
de habernos acortazarado sin medida ni cernuda. Rulfos
que hacen que no se conocen
en el beckett sin ende de la vida.

Trágate tus pynchons que ya yo me inyecto mis jaeggy directas en vena.
Viejísimas magdalenas mojadas en flauberts y todo aristóteles esnifado de cervantes hasta el códax.
Nuestros respectivos gatos no esperaban bostezar de nuevo entre safos y catulos, soñaban con ser michaux en asia, sí, pero no esto.
Aunque a veces tus biografías de bolívar me puedan sonreír un poco
lo cierto es que se olvidarán todas y cada una de las agotas. Y las munro y los valles,
uno a uno.
Mientras, en las billy vacías humea la bosta reciente de tanta vaca sagrada
y triste, al fondo, en la cocina, un caldo de centolla gógol que no se come nadie.
Las frases empezadas para mí acabarán en frases para otra
que serán el principio de la frase de otra más
y lo mismo mis pessoas lomo a lomo con otros sabediosqué y hastacuándo.

Pero por todos los rimbauds del mundo
dejemos ya de desautorizarnos.
Que arda Alejandría encajonada en alejandrinos.
Que ardan hordas de papel de babel. Tinta difunta.
Que arda el bosque de Ardenas, la ardora en el mar de Fóra.
Personajes y sus caracteres derretidos por el fuego, frases inmortales
reducidas a ceniza llovida. Y naves. Las famosas naves.

Qué bien le sienta olvidar a tanta tinta. Hasta que aparecen unos dickens
repentinos a la vuelta de la esquina
cargados de nuevo con papeles.
Y las hojas de mi rosalía se pasan solas
en autoplay unas.
Y otras salen volando

E…E Río

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