hilo sin fin

Asentar una entrada de blog en el cimiento temático de Casablanca -esto no es un blog de cine, yo no soy crítica de cine, Casablanca no es mi peli favorita, ni siquiera la mencionaría entre las 20 primeras- es como dárselas de original en un examen de 1º de filología respondiendo a la pregunta: Relación entre Don Quijote y Sancho Panza en el Quijote de Cervantes. Camino por una senda tan asendereada ya, que a nada que teclee me topo con montones de cráneos y esquirlas de esqueleto de los que se adentraron antes que yo y fueron carbonizados por el rayo del tópico, o ahogados por el tsunami del cliché. No voy a intentar decir nada viejo ni nada nuevo ni sé por qué lo hago. Captatio benevolentiae terminada. Ya pueden darme la palmadiña en la espalda, admirar mi humildad de frasco y seguir leyendo.

En algún canal de TV que no he logrado almacenar en mi memoria, pasan un especial de Casablanca: emiten, durante todo un día -con presumiblemente su noche incorporada- y sin apenas tregua, Casablanca.

Qué viejo es el esqueleto de Casablanca. Qué ingenuo en su ingenio, qué estado de gracia alcanzado a través de la casualidad y el no tener ni idea [un guion mutante, con lo que los actores ni sabían cómo iba a rematar la cosa], una peli en la que los hombres resultan admirables pese a ser repugnantes [la elástica Bergman ama a Bogart incluso después de que este, viejuno y borracho tras las maravillosas celosías de la iluminación, insinúe que es una puta], admirables pese a ser algo pedantes [Lazlo en el Rick’s dirigiendo la Marsellesa en un estado de lamentable admirable patrioterismo con mechón de pelo incluido sobre las denodadas sienes], admirables pese a todo y a todas.

Ilsa abandona a Rick y Rick abandona a Ilsa -eso sí, heroicamente, por ideales mezclados y no batidos con rescoldos de amor-. La música catartiza a todos [el pobre Sam esclavizado cruelmente a tocar una y otra vez la partitura que trata en vano de no recordar; el himno francés se superpone melódicamente al himno alemán y los alemanes, en un acto coral por completo inverosímil en unos soldados borrachos, dejan voluntariamente de cantar, entre aspavientos de derrota. A ver qué sorchos desafinando con insensata alegría se mostrarían dispuestos a tal cosa: a reconocer que su canción es más fea y se escucha menos…].

El ambiente de toda la película vaporiza de magia lo inverosímil y, por un milagro, acabamos por creer.

cayendo en el rancio mitismo

Me quedé viendo Casablanca por idiotésima vez. Me hechiza cómo, sin pretender hechizarnos, lo logra generación tras generación. No es ni de lejos mi peli preferida, pero por alguna razón me mantuve en mi sitio: por ver de nuevo esa trama trapecio suspendida en el aire, contorsionismos de revólveres inesperados siempre a la altura del intestino [moda de la época], diálogos de lanzadores de cuchillos, acrobacias sin red sobre cosas no dichas, fenomenales mujeres barbudas a guisa de secundarios. El mayor espectáculo del mundo envejeciendo como puede.

Y, basta ya de condescendecias, haciéndolo con dignidad.

El enigma de Casablanca reside en los trasvases de información: todos saben un poco menos de lo que querrían y alardean de saber un poco más:

El gordo sabe que los salvoconductos.
El francés aguado también sabe que los salvoconductos.
El nazi-como-no-podía-ser-de otra-manera-malvado [gran precedente del Hans Landa de los basterds, en especial en la escena en la que come caviar] sabe que Lazlo.
Sam sabe que Rick.
Lazlo sabe que Rick e Ilsa.
Ilsa sabe que Ilsa.
Llegados a un momento del metraje, uno de los empleados de Rick le confiesa: Y luego voy la una reunión en… y Rick lo corta: No quiero saberlo. Es evidente: sabe.
El francés aguado quiere tirarse a una joven búlgara recién casada: ella está dispuesta a semejante suplicio [para variar, el tipo es feo y enano] si así logra un puto visado. En ningún momento del film se explicita eso, pero sí se permite que lo deduzcamos fácilmente. Se sabe.

Por abreviar, todo Casablanca es una gigantesca insinuación entre penumbras geométricas. Al igual que sucede con otra peli similar en culto y en carecer de sentido y trama claros [Blade runner], todo ese humo, todas esas vacilaciones e inseguridades traducidas para la  pantalla grande en insinuaciones y suspenses y elipsis le confieren la dosis de misterio precisa para que convalezcan en la eternidad de las grandes.

Esa contractura constante entre lo que se dice y lo que se quiere decir en el envés, supone una de las muchas proezas de Casablanca. En su cuarto de hotel, Lazlo le pregunta a Ilsa: Cuando estuve preso en el campo de concentración, te sentías muy sola en París? En el subtexto: Te has liado con ese Rick?; Ilsa a Sam en la escena mítica: Tócala para mí, Sam/ Dime por dónde anda Rick, Sam, atráelo con tu voz de sirena negra; Este es el principio de una hermosa amistad/ Somos igual de cabrones, pero vamos a  volvernos unos patriotas del carajo a partir del último título de crédito.

Buena parte de las tramas memorables que, justamente por eso, recuerdo, juegan con una insinuación más o menos torpe de algo: Pedro Páramo y la muerte, Godot y el sinsentido de la espera, Los hermosos años del castigo y lo terrible en Frèdèrique. Lo que me lleva la concluir que al cerebro humano, al mío sin ir más lejos, le gusta ser insinuado, disfruta con un pie en el filo de la malinterpretación, de la vacilación, de la posibilidad.

De la posibilidad de que?

Quizás de la de haber sido otra cosa.

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