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Tyukanov me fecit

NOTAS DE UN VIAJE HACIA LA PERIFERIA DEL VIAJE

Día 1

Estoy llegando a este poema sobre el viaje cuando ya han llegado todos.
Al principio somos tantísimos aquí
chocan nuestros sombreros en forma de Tour Eiffel
bebemos un cóctel de mar caribe, esnifamos ceniza pompeyana
y exclamamos Shanghai! cuando algo nos parece bueno.

Luego poco a poco se van todos
y me quedo sola, rodeada de mondas
con el pie en un verso poco comercial
al borde de lo extinto.

Los tornillos de la Eiffel han empezado ya a oxidarse
y tras ella los destinos que el turismo ha vuelto infaustos.
Praga humea, hace tiempo que Thailandia
se derrama por el mapa;
donde antes se arqueaba Santorini
arde hoy mismo una estrella de neutrinos.
Anodinos los neutrinos.
De las Rías Baixas pronto sólo quedará su vino
-el turismo es una rima insoportable-.
Ya que sigue abierta la tienda, eso sí,
al otro lado del mar de divisas.
Más y más huellas, creímos
que la humanidad afinaría su talento en cada viaje
que para el espíritu explorador jamás valdrían exorcismos.
Cada pasajero en mar, un Darwin.
Cada caminante en tierra, Machado.
Cada pie en un cometa, Servadac.
Conocer era comprender. Sí. Qué idiotas fuimos.

Día 2

Se despierta solo en la habitación del texto y el texto
gira alrededor de su cabeza. Ayer ha escrito demasiado
como una cotorra
en idiomas extranjeros
y aves mecánicas picotean de su sombra
de su sombra narcotizada, emancipada de su cuerpo.
Su sombra que lee lejos de un cuerpo que transpira.

Sobrevoló ayer Meccania
Triton City, el país de los Houyhnhnms,
el reverso de Moriana, las ínsulas de Amadís
y el campus fangoso de la Universidad de Miskatonic
hasta el país Donde-nadie-habla.
Y es allí, donde nadie habla, que reposa
cansado hasta el tumulto de haber sido tumulto.

Día 3

En los viejos mapas de la casa
sólo busco con el dedo mi primer país,
el país del canto. La Ella Callas que toscamente
subía y bajaba escalas en mí
-en la niña sin formar cuyo sfogato se oiría siempre
por encima de las otras niñas-
se colapsó el primer día del miedo.

De tanto esperar a que alguien creyese en ella
antes que ella misma
el tren pasó de largo
largo larguísimo largo
hacia el país del canto.
La poca fe certifica los fracasos. Los talentos son redondos
para que echen a rodar en cuanto el firme titubea.
O suene la campana en la estación. Tolón.

Saludo a mis viejos graves de contralto:
mis primeros compañeros
pulidos como jades, abocados a Saturno;
sobreagudo el mi de mi mímí
-qué os importará mi vida idiota, verdad?
os estaréis preguntando-
esa carencia de formación tan mía, todos mis analfabetos síes
van de vagón en vagón extinguiendo sus armónicos,
tan sopranos y encantados de haberse conocido.
Transiberiana de una tráquea, aquella voz
el Orient Express asesinado por mi hogar de pobres
y quizás también un poco la pereza provinciana.
Mi voz privilegiada, enjoyada para nadie,
se sienta en el andén aburrida de escucharse.
No cambiará las agujas
del trayecto de la historia de la música ni tan siquiera
la historia diminuta de un patio de vecinos.

Fue aquel pequeño país mío mucho antes que los libros
– Guillermo disparaba a las manzanas al otro lado de su puerta-
y que ese cuento para viejos que es la historia de una vida.
Qué os importa, voces jóvenes, timbres que pulsaréis el mundo
raspáis contra la piedra honda deformando así su canto
canto
canto.
Qué os importa. Como decía aquella vienesa: Canta!
No puede una pensarlo demasiado!
Qué más da en la gran masa de la Resurrección de Mahler
que una de las mezzos se obstine en no resucitar.
Qué importa. Es la carencia.
La renuncia. La abstinencia.
En aquel pequeño país reiné sin apenas trascendencia
mucho antes de saber reírme de mí misma.
De darle un empujón a aquella boba acomplejada.
De dejarlo por escrito como un eco
eco
eco.

Día 4

No me gusta viajar. Sobre la tierra, apenas viajo. Mi modo de viajar
se limita a intimar con guiris. Vivo solo. Prefiero echar a andar
más con pretextos que con textos:
por cuestiones debidas al azar o al amor.
El azar y el amor beben del mismo pozo oscuro
también el odio
-si se agita lo suficiente con una vara de avellano
forma una cinta de Moebius atada al pelo del cosmos-.
Viajes que han sido planeados por otros. Los tolero.
Viajes donde no soy cardumen, aunque es difícil.
Viajes con excusas, con meandros. Hasta viajes inesperados.
Fastidiosos.
Sí.

En julio de 2010 los residentes en España
realizaron 15’6 millones de viajes

Admito que me vendes los ojos y me tires a un barranco
con vistas increíbles. Viajar para verte recoger percebes. Sí.
Viajar para lo que nadie viaja. Sí.
Los países de los que nadie habla.
Los que jamás se han movido de su casa:
somos crueles con todos ellos.
El viaje del salmón, contra lo esperado,
el viaje de quien no tiene más remedio que
-y  nuestros abuelos todos podrían hablarnos de eso-
el viaje del alcohol en la botella de Klein.
Me conmueven sus cegueras.

Me gustará viajar cuando no signifique nada.
Cuando vaguemos por el cielo en busca
del adulterio de una luna nueva.
Me gustará viajar o tal vez nunca.
No me gusta viajar.
Soy astronauta.

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