zero

zero

Si bastase un texto informe para deformar el espacio-tiempo
e incluirnos a nosotros mismos en cualquier región de lo que ha sido

puntos suspensivos me exige ahora lo innombrable
hemos llegado al punto en que no se sabe qué decirse.

Y aun con todo nos internamos
al otro lado de esta hoja. Pasamos la Marola.
Leyendo desde atrás estas palabras
que de un momento a otro se hundirán en lo ilegible.

zerouno

Despejamos niebla blanca blanca como páginas recientes
y mi oído con tu oído coinciden sobre el vientre deshuesado que fue árbol
un tumor nevado que crece por sobreescritura
y servirá como vendaje cuando no sepamos qué decirnos.

Los vemos, los oímos
a lo lejos, acostados en la curva de la matemática imperfecta
parecieran multiplicar campos de maíz con la cara vuelta al universo.
Fijaos bien en ellos, fijaos
con qué pavorosa ternura se preparan para ser nosotros
-cromosomas obedientes en el flujo del carbono-
pero antes se disuelven como puñados de arena en los ojos= 0
En un hemisferio cuentan el tiempo hasta el texto que al fin hable de ellos
-podría tratarse de este y podría ser ninguno –
en el otro, el derecho, mezclan su cosecha con los dioses
follan con el círculo intuitivo tan así
que sobre el cráneo el sol se alza como saliendo de un eclipse.
Hinduísimos. Babélicos. Mayísimas.
Y traen huesos soldados con la magia de una suma
que siempre les da  0   0    0.

Dispuestos en parejas forman signos de infinito
gemelares ochos tumbados en las ruedas del destino
de un carro del país – de su impaís- que también canta
y del que yo no sé nombrar ni una sola de sus partes.

zerounodos

De aquí al infinito, pero en qué momento
y dónde es exactamente aquí.
La posteridad da 0.
El aire da 0.
Y su boca y su ombligo y sus cien cigotos ciegos
dan cero cero cero.

Y.

Dan cero cero cero
y de pronto a palos nos entienden
entienden que la nada es el principio que se acaba
y nos miran y nos odian con sus grandes ojos fijos
en su órbita por cero cero cero cero cero.

Coma.

zerounodostres

Y a partir de ahí serán todo hiroshimas
simas
cimas
por volver a incubar su hueco huevo donde no
y no
y no.
Un sí engendrado en no, así la vida.
Un Oh pronunciado con los coños de la arcilla.
La marca redonda recibe la orina de los sabios
y hacia el suelo
baja la nada desde el cielo como una nave extraterrestre.
Se posa entre los juncos estirados como unos
la nada tan preñada de sí misma, tan pagada de sí misma
ante una cabezota de neutrones que me rasco con tus garras.

Y los vemos como si fuéramos nosotros pero no lo somos
y de nuestras vacas cachenas paren la extinción
y el ocaso de un mundo.
Y la figura zigurat y la cifra
en la que esnifa redondez un céfiro nocturno
y lo que antiguamente podría hasta rimarse
pero hoy está prohibido.
Una rima entre unos dientes da como resultado cero.

El cero nos absorbe, laforets de nada, y nos engendra en sus anillos
ser y nada, trajes sartres,
y caemos en la cuenta de que esta nada nuestra
sí volverá a ser como antes.
Antes de nada.

zeroinfinito

Tendidos a infinito, doblados como radios
increíbles de bicicletas prehistóricas
deformados por el tiempo llegamos a este hangar
[con la forma de la ría de Ortigueira en los talones
y una Tierra de Campos arada nuca arriba,
todo Origen Olvidado que empieza por o y también por cero]
a este margen de papel del color de un hueso extinto.
Igualados a ellos, divididos por nosotros
nuestro cero es aquel cero
mondado, a la intemperie
óvulo de un futuro cualquiera,
doblado en su esquinita superior
como una página
que se resiste con horror a ser pasada.

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