hacia la levitación universal

Sedíame eu trabajando en un texto intitulado Glissando hacia la levitación universal cuando recibí lo último de Pablo Gallo, un micrometraje que aúna tres de las cosas que siempre anhelé hacer en esta vida: beber de un botijo, levitar y penetrar en las entrañas de un aerogenerador. Y es por eso que lo odiamos, a Pablo Gallo, por eso. Y por eso es que lo mataremos a Pablo Gallo, entre todos, con ayuda de nuestra mezquindad absoluta, y lo silenciaremos, a Pablo Gallo, para que no diga más nada, ni beba una sola gota de ese botijo ni coma de esa sopa ni lea de ese libro, Pablo Gallo, ni empuñe una brocha con aire de batuta ni teclee un teclado con aire de celesta, ni más nunca más nada, Pablo Gallo.

Vean aquí a Pablo Gallo, en exclusiva antes de su ejecución pública.

He aquí el glissando:

Glissando hacia la levitación universal

Oh, venga, levitemos. Dejémonos de bromas. Vamos allá.

Es ahora que el aire de la noche deslumbra con la calidez de un flash,
los aerogeneradores transforman cada aliento en energía pura
varios metros por encima de la noche de nuestro cra
cra
cráneo.
Somos hermosos, fuertes como retroproyectores.
Nada detiene nuestro impulso de ser textos
si queremos despegamos los pies del polvo del suelo
-con su forma de página cero-
los brazos a lo largo de nuestros cuerpos
violonchelaicos
sin alas a lo da Vinci      sin levadura        sin nike air.

Hartos estamos de la ortopedia. Debemos levitar
por maldita justicia cósmica! Porque tras tres millones de años
dejando huellas sobre los caminos
el asfalto fresco
las cenizas de los volcanes que han sepultado a los nuestros
y los senderos de nieve por los que nos persigue el malo
ya está bien.
Ya nos va tocando.
Ya aletean nuestros talones, nuestros herméticos tobillos
ya nos sube el livianísimo rubor por las arterias
-oh san Helio asístenos; oh, santa Valquiria!-
Oh, qué contentos nos hallamos y a la vez,
mercuriosos y saturnantes. Hacia dónde dirigir nuestros pasos
que ya nunca más serán pasos
sino un soplido suave sobre la hierba fresca
un remolino binario sobre cejijuntos muros
risitas invisibles sobre una ley de fronteras.

Energía oscura con los zapatos colgados al cuello.
Parece tan sencillo como morir. Pero no, antes
levitemos,
materia con materia y todo es energía.
Míranos. Ya lejos de esta hoja
y de tu mandíbula que saliva un poco.
Apenas ya un puntito en el horizonte de sucesos.
Una fusa en fuga en un glissando de arpa.

Como humanos nos lo merecíamos.
Y era tan fácil. Adónde vamos?
El mundo es nuestro, las páginas en blanco lo son también:
materia clara para nuestra fugaz materia oscura.
Venid con nosotros. Oh y mil veces oh. Adónde,
adónde
adónde vamos?

2010

Dalí levitando

Y he aquí la música que el otro día la Sinfónica de Galicia tocó en la plaza -arpa, chelos y chaikovskis raspando todos la fibra sensiblemente intestinal del público- y que me provocó una insoportable morriña de cantar nuevamente en el Coro. Sólo los impuros de corazón no habrán levitado con semejante propina del programa, esas caricias nucleares de los cellos, la prestidigitación del arpa. Qué maravilloso era Chaikovski, a pesar de ser denostado por los puristas. Melodías que nacen de la médula espinal son las suyas. Permítanme el chauvinismo: tendrían que haber escoitado a la arpista -la adoro- y a los cellos -los adoro- de esa orquesta en concreto.  De esa provinciana y milagrosa orquesta.

Щелкунчик- Фея Драже/Принц Коклюш

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