los contratiempos

La semana en que se separaron se rompió el asa de una taza; la nevera empezó a descongelar por su cuenta y riesgo; el portátil de ella no se apagaba solo; la cisterna perdía agua toda la noche; hubo un problema con el banco; él se rompió un dedo.

Los objetos, los cuerpos, desviaban así la atención del epicentro. Giraban en sentido contrario a las agujas del reloj. Molestaban con sus imperfecciones, creaban preocupaciones ficticias con su banal originalidad doméstica. Grifos. Clavos. Costuras deshilachadas. Radiografías. Formateos. Huesos. Facturas. Fruta pudriéndose anormalmente en pleno estallido de junio. De todos ellos emanaba un compadreo. A espaldas de sus dueños. Una conspiración. Los días se sucedían para que ellos ensartasen una tras otra meras diligencias, intendencias, fontanerías, Tecnox: Reparaciones Técnicas, buenos días?, férulas y pomadas.

Una vez despiertos clapclapclap de esa hipnosis de los pequeños contratiempos, cada uno se enroscaba ya sobre almohadas diferentes.

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