entrevista cum grano salis

Cinco años ha, Dolors Alberola me mandó este cuestionario escrito-culinario. Lo respondí y se lo envié. Hoy lo vi por casualidad buscando otra cosa. Me aterrorizó comprobar que sigo estando de acuerdo en bastantes cosas, cuando yo solía ser disconforme conmigo misma, insegura como condición genética. Mis células ya han comenzado a esclerosarse? Ya no olvidaré jamás conceptos aprendidos? Me han condenado a estar de acuerdo conmigo misma, a adorar mi ingenio e inteligencia por todo lo que me resta de vida?

Qué pesadilla es la autocomplacencia. Cuánta esterilidad. Cuánto estancamiento. Oh y mil veces oh.

Y boh.

Menos mal que hay respuestas que me parecen imperfectas, chorras e indignas de mí. Llenas de juegos de palabras publicitarios, que dan la barroca sensación de inteligencia. La literatura actual sólo se conduce por los juegos de palabras con ella misma. Bueno, qué. He salvado unas moléculas de autocrítica y evolución, pareciera. [Las he salvado realmente? Sí? No estaré engañándome? No será la autoindulgencia y sus espejismos en el desierto de la personalidad? No será captatio benevolentiae de las peores?]

Ahí va la cosa. 2005.

¿Van las meigas entre pucheros?
Van. Pero no hacen pucheros

Díme un hechizo culinario para conseguir el amor, un buen libro, el apelativo de meiga.

Hechizo para el amor: por superstición no lo revelo [manera de decir que ni idea]

Hechizo para conseguir un buen libro: macerarlo. Pelarle casi todas las páginas. Exprimirlo

Hechizo para el apelativo de meiga: aprenderse o Conxuro da Queimada y saberla preparar ante un nutrido auditorio

¿Contigo Pan u Orama?

Ambas cosas dan un panorama de mis apetencias

Con quién compartirías una buena cena.
Con Cristo. Creo que se merece otra.

También con los que pintaron Altamira o le pusieron nombre a las constelaciones o calcularon el círculo. Tal vez siendo yo la cena…
Comes con tu poeta preferido, danos nombre y menú.

Sei Shonagon, cortesana japonesa del siglo X. No es exactamente poeta y tampoco se llamaba así en realidad. Es una Anónima. Cenaríamos caldo galego y sushi, para compensar.

Qué sabes guisar mejor. Tu receta favorita.

No soy buena guisando. Mi receta favorita es que cocine otro

Leyendo La Divina Comedia qué beberías.

Mi propio sudor

Qué no has comido nunca.

Sesos. Me intrigan mucho. Pensamientos ajenos, sentimientos de vaca o de mono…
Dónde comerías lo que más te gusta del mundo.

En órbita

¿Llevaste alguna vez algún ingrediente culinario a la cama?

Dulce de leche.

Las personas también son ingredientes culinarios, no?
A cambio de qué comida darías un buen recital.

Los recitales suelen ser aburridos…a cambio de una comida tipo cumpleaños, con colores y fritos y mediasnoches

Escríbenos un poema a la sal.

Sin ti…

no sé
Un libro que te guste y que toque tema de cocina.
El Cantar de los Cantares enumera ciertas delicias, como vino adobado, manzanas o dátiles. Y las Mil y una Noches: los persas y árabes han sido los inventores de la voluptuosidad en forma de pasteles y bebidas. Más recientemente, Fellini soltó un l’amore é nutrimento con el que estoy de acuerdo.
Vas a un restaurante con Kafka, a qué crees que te invitaría. Imagina una cena con él.

Me invitaría, pero seguramente no aparecería. Y yo me pasaría toda la noche preguntando por el señor K a los presentes e imaginando: será ese flacucho que entra? el de las gafas? el apresurado? el que va vestido de gris?

Y él en su casa, preguntándose por qué no ha aparecido.

Qué se bebe luego de escribir un buen libro.
Se beben los vientos por uno mismo. Pero, quizás, debería beberse cicuta
Cómo celebrarías un buen premio, qué te gustaría tomar.

Las de Villadiego
Si vas a un restaurante, qué no pides nunca.

Explicaciones

¿Arroz o fideos? ¿Con?

Arroz. Con plátano frito. Y con I.
Prepáranos una ensalada.

Lechuga. Bocaditos de guayaba. Nueces. Queso do Cebreiro. Aceite. Vinagre o limón. Sal
Un desayuno mágico.
Cualquiera en el que sabes que después podrás seguir durmiendo

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