el síndrome ante el clásico

Leerte es amasar un trozo de uranio
mirada al sol todo un eclipse
no parpadear durante varios minutos
y, de salir indemne,
suspender mi aliento con tu aliento.
Y es leerte odiarte y lamentar no haberte escrito
y es leerte una matriz donde me espasmo.

Desear morirme en el medio de tus sustantivos vencida de
entropía que desordena tus páginas cuando te cierro cuando
le hago el amor a otros objetos
y tú – y tú-
te entreabres como un labio que silba mi nombre en medio del desierto de Sonora
en lo alto
de un promontorio que conozco y al que hube de arrojarte.

Tú palpitas para que te abra de nuevo y lo haces
y lo haces todo el tiempo porque llevas
la perdición en tu lomo banal y tu burda portada.

Leerte es untarme con helio.
Me esperas inocente en la mesilla.
Me preguntan por ti: no digo nada.
No quiero que nadie te conozca.
Te odio y te venero.
Mis palabras resuenan
en el hueco de tu eco.

2003

Breve reatrato de la posteridad, Pablo Gallo
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