deje su huella digital aquí, por favor

one day

one day

[TEXTO MATRIZ DEL SEMINARIO SOBRE BLOGS IMPARTIDO EN LA UNIVERSIDAD DE BARCELONA, MARZO DE 2009]

DEJE SU HUELLA DIGITAL AQUÍ, POR FAVOR

Si la pared o el techo son porosos

y las condiciones de conservación

son favorables, nuestra mano

en negativo podrá perdurar a lo

largo de miles de años.

Nos encontramos dentro de la Cueva del Castillo, en Cantabria. Afuera nieva. La caverna se estremece con la luz y hace dudar a la tiniebla. También nuestras pupilas. Siguen el pálpito de un corazón común. Allí estamos reunidos, hombres y mujeres. Portamos nombres que no trascenderán. Rostros que nadie inmortalizará en una polaroid o un retrato goyesco. Tenemos 15.000 años.

Un hombre y una mujer apoyan sus manos sobre la pared de la cueva. Cada uno la misma. La izquierda. Con la derecha sostienen una concha con dos huesecillos de mirlo y un poco de pigmento desleído. Soplan. Durante unos minutos. Sus zurdas permanecen inmóviles, atrapadas en el color. Cuando despegan las manos de la roca, se han escrito para siempre. No lo saben. No tienen ni idea de lo que durará eso ahí y ni siquiera les importa. No existe conciencia temporal, magnitud  histórica. Obedecen al instinto ciego de perpetuarse. Tanto sirve plasmar ADN en los genes de la prole como plasmar una huella en una pared de roca.

El corazón común se acelera y la pared se llena de manos, los cerebros de significado y la pulsión humanística comienza a latir

15.000 años más tarde, el día 17 de septiembre del año 2005, un ejemplar de la misma especie, homo sapiens, se encuentra ante el ordenador una tarde, detrás de unas persianas. Lleva tiempo dándole vueltas a dos ideas: su conciencia es menos suya de lo que le han hecho creer. Su naturaleza es más autómata de lo que la filosofía individualista propugnó, es más hija de su tiempo -los genes de su madre, la alimentación de su bisabuela solitaria, las lecturas de la facultad y el azar- de lo que creía. Es más una criatura mecánica. Para lograr ser una completa criatura mecánica, una parte de su cerebro debe engancharse a alguna sustancia inerte, digital, debe probar las entrañas de la máquina y unir su memoria humana e imprecisa con la memoria cruel y exacta de un ordenador.  Así que brota en su reblandecido cerebro la idea de crear una página personal. Duda entre una página web o un blog. Para la primera tendría que contratar a alguien que manejase el lenguaje html y conceptos básicos de diseño de páginas para la red. Conoce a varias personas, pero no se decide. El estatismo de las páginas web frente al dinamismo y la customización de los blogs es lo que termina por abrirle camino.

Elías Canetti habla de una sociedad en la que todo el mundo es pintado y reza ante su imagen. En principio un blog parecería eso: se habla con acierto y amargura, de los egoblogs, del autobombo, del exceso de yo. Qué sucede en la literatura? No es acaso la literatura en primera persona o con una tercera persona que camufla una primera [Madame Bovary soy yo, Flaubert dixit] una sobredosis sin anestesia de yo, una inmersión a pulmón en un yo?

La escritura en blog también tiene algo de disolución en la nada. Al fin y al cabo, creo que tardaríamos mucho más en acabar con todos los libros y documentos escritos sobre la Tierra que con toda la virtualidad volcada en la red.

Volvamos al homínido sentado ante un ordenador, rascando el pelo de su cabeza: qué le ha llevado hasta esa tarde a decidir montar una página en una red de virtualidad, quién sabe si virtuosismo, que apenas lleva unos decenios funcionando?

Me ha tocado ser en esta obra esa homo sapiens que hoy comparece ante vosotros para explicaros ese por qué, ese cómo y ese para qué.

Yo procedía de una familia arruinada. En fin, eso no tiene nada que ver con el tema que nos ocupa. Me gusta decirlo. Procedo de algo luminoso y decadente, creo que sabio. Mi hermano escribía y no publicaba. Había una decisión de encerrarse en una casa antigua como un cangrejo ermitaño o un buzo dentro de su traje. He leído no sé dónde que Dalí trató de dar una conferencia vestido de buzo y casi se asfixia. He preferido venir disfrazada de normal, sin levantar sospechas. Hablaba del importante, para mí, entorno de mi casa. Flotaba en ella una condición ermitaña que me precedía.

Yo había publicado hasta entonces, hasta esa tarde de septiembre del 2005, 3 libros en papel. La sensación de publicar creo que tiene que ver con el temperamento de cada uno. Conozco gente que lo lleva con tal orgullo que resulta envidiable. Gente que desde la primera palabra que escribe sabe a ciencia cierta que eso ha de ser publicado.Los libros que yo llevaba publicados, en cambio, a veces me daban coraje. No vergüenza, sino un pequeño estremecimiento, una mínima angst, como ver a lo lejos a alguien a quien queremos, gritar y que no nos escuche o una maleta olvidada en la cinta transportadora de un aeropuerto, en su décimoxesta vuelta. A esos 3 libros en oloroso y crujiente papel los veía apresurados, imperfectos y, sobre todo, inmóviles. Inmóviles y estáticos en sus muebles expositores, en sus sótanos de editorial. Casi los oía pudrirse.

Por otro lado, a esa altura me habían invitado universidades o asociaciones de fuera de Galiza que tal vez buscaban información sobre mí, textos para catalogarme, antologarme o sencillamente realizar una presentación si me invitaban a una charla. Me di cuenta de que todos los datos que manejaban, o al menos en su gran mayoría, procedían de la red. No sólo sucedía eso conmigo: lo constataba también en el caso de muchas compañeras y compañeros escritores. Me decidí a volcarme en ese brutal organismo que crecía y nos fagocitaba y determiné, con más determinación que destreza, abrir un blog y darme de bruces tardes enteras contra el lenguaje html, los servidores y los mensajes cifrados.

Había una voluntad de perpetuidad en ello, como la hay en todo afán de publicar, como la hubo en la mujer cuya izquierda quedó grabada en la pared de la Cueva del Castillo. Y al mismo tiempo, ese afán de perpetuidad choca con la molesta o quizás balsámica clarividencia de que  nuestros afanes tienen algo ingenuo y vano, y que sumergirse en el océano de la información y la sobreabundancia de datos tampoco preservará nuestro nombre. Desde que estoy en el blog contemplo el anonimato como un fin inevitable al que terminaré por no resistirme.

Más razones: para un escritor, la tentación de internet es grande. No ya por snobismo, que también puede ser, sino por un Zeitgeist, un espíritu de época que nos impulsa, casi nos obliga, a morder el polvo de la pantalla. Y no en detrimento del papel porque, como creo que es obvio y notorio ya, la literatura convencional y los blogs no son lo mismo, como tampoco fueron lo mismo el cine y el teatro o el cine y la literatura.

Hubo otra razón de peso. La mujer y la tecnología. Siempre que imaginamos cualquier acontecimiento en la historia del ser humano que tenga por objetivo final un avance tecnológico, desde la conservación del fuego a la invención del microchip, tendemos a visualizarlo puesto en escena por un hombre. Vemos al pintor de las cuevas de Altamira y vemos al inventor de la primera rueda perfeccionando una curva de piedra y vemos a Leonardo y a Edison y a Tesla bajo una luz hormigueante, predecesora de, y vemos a un grupo de varones con alguna que otra mujer -a ser posible fea- dando a luz internet en los despachos de la Universidad de California. Siempre que imaginamos cualquier acto de creación humana, industria o ingenio, por defecto es el varón quien se nos viene a la cabeza. La mujer parece tecnológicamente una rara avis, una advenediza, alguien que cambia su feminidad por una polea. Alguien sobrenatural como Ada Lovelace, la hija de Lord Byron, a quien debemos la primera máquina analítica, bisabuela de los ordenadores actuales, y en la que trabajó mano a mano con Charles Babbage.  O más sobrenatural aún, su hija: Scherezada Lovelace, que intentó aunar el lenguaje de programación de su madre con el géiser artístico de su abuelo – y el caleidoscopio de su supuesto padre- investigando en una máquina creadora de cuadros, cuyo fracaso la sumió con lentitud en dos muertes: la física y el olvido. Humildemente, como mujer me producía curiosidad meter mis manos en algo cibernético, abrir esa puerta del Castillo de Barbazul, examinar con mis manos de antropoide algo que yo controlase de principio a fin, que no me obligase a relaciones invariablemente mediatizadas por hombres en editoriales, en imprentas, en sedes de redacciones. Esa soledad de la habitación, el ronroneo del ordenador indiferente a nosotros, obstinado en procesar, desencriptar, obedecer, me resultaba totalmente novedoso en una actividad tan lujosa como lo es escribir. Escribir siempre ha sido un lujo y es por eso que ha estado reservado a nobles griegos, condes rusos o tuberculosos sin remedio. A día de hoy, representa un lujo al alcance de cualquiera.  Pero entonces claramente vi que el lujo no terminaba ahí: ahora resultaba que editarse también se volvía accesible, inmediato y con leyes diferentes.

La tecnología era comestible para alguien no versado en ella.

Si quería, podía mutar y hacerlo casi como me gustaría.

Así que tenía una hermosa carcasa ante mí, un gran contenedor de ideas, flujos, reflujos, mareas, virus y abismos, donde se iba almacenando lentamente una pequeña parte de la memoria de mi especie.

Ahora tenía que confeccionarme un vestido para penetrar ahí.

LA TRAMA

Estamos en el espacio y nunca hemos estado en ningún otro lugar

Buckminster Fuller

Un blog es para mí una trama bioliteraria. Entiendo por trama un entrecruzamiento de hilos de procedencias diversas que promete sostener algo en suspensión [un cuerpo, un relato, una vida]. Dado que mi gran problema ha sido siempre la dispersión tentacular [estudié ciencias en el bachillerato, luego sociología, luego filología, en fin, me dio por el teatro y la música y andaba descentralizada, sin una dictadura  interior], encontrar un aleph, un punto en el espacio en el que convergiese todo eso además de mis devociones por la astronomía, la matemática o la robótica, se convirtió casi en un grial. Los blogs se perfilaban en el horizonte como un espejo de Alicia, pero también como una singularidad cósmica que me transformaría en un pedazo de un cosmos diferente. En un vector en un universo en su mayor parte desconocido.

Entonces no vi toda esa aura de literatura fantástica: simplemente abrí un blog en blogger, cosa común y prosaica, que se lleva a cabo infinitas veces al día en casi todo el globo. Lo llamé, tras mucho pensarlo, como kosmos. Me parecía un nombre que daba cuenta de la voracidad, el pseudo-canibalismo, el énfasis en mundos inertes como la propia red que por entonces pretendía utilizar en mi beneficio. Desde el primer momento empecé a hacer cambios en la página, ilusionada con la idea de tener cierto control sobre esa criatura [así llamé al primer post] que acababa de lanzar al espacio. Utilicé plantillas [templates] que modificaba muy torpemente al tiempo que utilizaba también los soportes gráficos de flickr y fotolog para colgar fotos con textos. Pasé a llamarlo A Vida láctea, aunque tampoco me convenció. En mis clases de psicología de los colores y metonimias publicitarias hablaba de onomatopeyas, esas palabras bastardas en las que se alberga una mínima sinestesia. Mmmm

A vida láctea.  …mmmm… puntos suspensivos. Onomatopeyas, palabras bastardas relacionadas con el sonido y quizás con la sinestesia. Mmmm es el sonido del pensamiento, el de la reflexión y el de la delicatessen sensorial.

Tiempo más tarde descubrí otros significados de mmmm: una empresa de diseño gráfico y vídeo llevaba ese nombre; también el problema MMMM acuñado por Luciano Gallino, en el que las siglas correspondían a Modelos Mentales Mediados por los Media.

Los textos de mi blog desde el principio fueron textos medianos o largos. Mucha gente me preguntó por ello. Por qué. Pareciera que un blog ha de seguir siempre un patrón idéntico: un texto de unas 20 líneas, una foto impactante que hemos encontrado tecleando en google images cualquier cosa, algo de música, enlaces o hipertextos y ya. Por supuesto, ese es el esquema que yo también más o menos seguía. Mis textos largos sin embargo procedían de escombreras de reflexiones que guardaba en carpetas y con las que no sabía qué hacer. No eran relatos, ni ensayos, eran pequeños artículos pero de temas muy dispares como la biomecánica, la neotenia, los colores, lo made in china o el azar. El blog supuso una plataforma de salida a esos textos, una manera de expiarlos, porque los textos que queremos publicar y no acabamos de hacerlo pasan enseguida de ser tatuajes privados a abrirnos llagas en el carácter.

Con el tiempo, la naturaleza de aquellos textos fue cambiando. Mezclé conversaciones, cartas de email, textos poéticos, las manidas alusiones a youtube [de las que no me gusta abusar] o a algún meme que me cautiva por su componente lúdico.

No elegí pseudónimo, quise lanzarme a ese océano a pecho descubierto. Escritora con blog y no de blog.

Criaturamecánica fue en principio mi única especie no de pseudónimo sino casi de alter ego. Elegí la palabra criatura por sus connotaciones monstruosas [Frankenstein] y también experimentales [Golem, Olimpia, María de Metrópolis] y mecánica dado que me encontraba en un entorno, ya no únciamente internet, sino mi propia individualidad, ese espejismo, que no gobernaba plenamente. NO creo en la individualidad porque, como apunta con lucidez Sloterdijk en su monumental Esferas, puede desembocar fácilmente en el victimismo alentado por una sobredosis de autoatención a la que el mundo contemporáneo nos aboca: nos fotografiamos, nos examinamos, hacemos muecas en el espejo, confeccionamos listas de nuestros gustos, palabras predilectas, y jamás nos permitimos dudar que esa especie de voz interior sea en exclusiva nuestra. La individualidad es otro sentido de pertenencia, de propiedad. Creo que ha sido útil para ciertos fenómenos de emancipación durante los pasados siglos [el de la mujer entre ellos, porque sin la soberanía del propio cuerpo y de la propia gestión de intereses, habría resultado imposible] pero como camino es estéril. Mi idea es que me pertenezco menos de lo que creo, soy más mecánica y autómata que autónoma, más anónima que autónoma, necesito ya no sólo una trama social en la que desarrollarme, sino distintas subtramas para convertirme en eso que soy, que no es sino un monstruo con varias cabezas que han pensado y reflexionado por mí antes que yo: necesito subtramas literarias, subtramas tecnológicas [parte de nuestras memorias son fotografías, que nos ayudan a inventar mejor esa sustancia ya de por sí inventada que son los recuerdos], subtramas políticas, subtramas artísticas, subtramas filosóficas, subtramas sexuales y económicas…  De ahí proceden también los puntos suspensivos: son, como dirían los portugueses, reticencias, pero también la plasmación tipográfica de que somos seres inacabados, que venimos de algo y desembocamos en algo.

Sigamos con el blog. Estamos en el año 2006 y comienza a evidenciarse que el blog se rige por algunos principios extraños a la edición de una obra en papel:

1.- Su inmediatez me desdoblaba, casi me fractalizaba. Con la utilización de mi propia imagen como la criatura mecánica, había conquistado esa monstruosidad que supone ser siamesa, tener una pieza de cerebro -en este caso- o de cuerpo soldada a otra entidad. La mujer del blog era yo pero disolvía mi yo. Como en el caso de las hermanas siamesas enfadadas, cada una tiraba para un lado. Yo era la primera fascinada con ella [o ella conmigo], pero notaba su aliento eternamente. El blog como sostén de imágenes, vídeos y podcasts me ayudaba a proyectar una imagen poderosa, pero también me preocupaba que esa fenomenal autoafirmación del pensamiento a través de la autoafirmación del cuerpo que ha venido utilizando la mujer en su discurso reciente [rastreable en blogs como Dadanoias] fuese demasiado brillante, demasiado saturada. No condenase a la gente, como en realidad pretendo, a mi literatura sino tan sólo a mi presencia.

En realidad, nuestra era se caracteriza por caminar hacia el olvido mediante la saturación de registros. De tanto utilizarme a mí misma acabé por perfilar esas ideas en las que en el fondo palpitan unos gramos de angst, al estilo de Kierkegaard. Ansiedad de sentirme no ya en tus brazos, sino en otras cabezas distintas a la mía a través de la evidente multiplicación que supone un blog.

Con respecto a ese tema de la identidad, me parece tóxicamente buena una reflexión de Thomas Bernhard en una entrevista: Uno nunca sabe quién es. Son los demás los que le dicen a uno quién y qué es ¿no? Y como esto uno lo oye millones de veces en su vida, por poco que ésta sea larga, acaba por no saber en absoluto quién es. Todos dicen algo distinto. Incluso uno mismo está siempre cambiando de parecer.

2.- La fractalidad o escritura en mosaico eran evidentes cuando se tiraba de algún buen hilo de comentarios. Un post podía repetirse infinitamente en las interpretaciones y aportaciones de sus comentaristas. Sabemos que la literatura también varía según quién la glose, que no es lo mismo Llull ahora que hace 300 años, que las cantigas galego-portuguesas han pasado por el filtro de Menéndez Pelayo o Dolores Vilavedra, que Shakespeare es un café que ha pasado por demasiados filtros, piensen en alguien como Bloom bebiéndose su Shakespeare con mucho azúcar y Borges el suyo, mezclado con café latinoamericano.

Un blog pertenece a uno en mucha menor medida que un libro.

3.- A diferencia de la escritura en papel, un blog era un organismo mutante sobre el que yo ejercía algún control, sin embargo en ocasiones dominado por la fatalidad [la página no carga, ha caído el servidor, la imagen no se ve], el azar y lo aleatorio,

4.- En el blog se sostenían bien géneros extraños que me eran caros y que resultarían bizarros en un libro convencional, a menos que se hallasen dentro de una novela, el género híbrido por excelencia:  géneros como la lista de cosas [categoría listismo], el copipasteado, la nube de tags, el meme o el cartel gráfico [en ese orden de cosas la labor de la web Aduaneiros sen Fronteiras en Galicia, sin ser literaria propiamente, ayudó a perderle miedo al grafismo inventado como apoyo de impacto para el lanzamiento de cualquier mensaje al mundo]

5.- El blog funcionaba como matriz de expectativas literarias, como laboratorio y también como musa inspiradora. Caso de que existan.

Al calor de ese laboratorio di salida a algunos podcasts, abrí un VodPod, literariamente me interné en internet de la mano de A Regueifa Plataforma para publicar un libro digital [Zoommm. Textos biónicos, 2007], publiqué cosas inéditas en la página de la AELG o usando el servidor issuu.

6.- El blog era una herramienta estupenda para reflexionar sobre la simulación [el gran arte de nuestro tiempo: de ahí el sueldo desproporcionado y la sobrevaloración del trabajo de actor. Quien controla sus propias emociones y las emociones ajenas controla el mundo. Los buenos políticos son grandes actores], el ilusionismo [photoshop cambia el registro gráfico de una persona. Ya lo hacía la fotografía convencional al seleccionar sólo una parte de la realidad. Photoshop manipula de un modo más obsceno. Y recuerden que nuestra memoria es frágil y cualquier suave viento la suplanta por otra] y el espacio exterior vs interior, algo que me interesaba profundamente ya que en el blog se opera a una cierta distancia crítica [cada vez menor] con la literatura convencional. A veces, me parecía estar escribiendo en órbita, o bien after the bomb o bien dentro de una escafandra o de ese traje de buzo que utilizó Dalí para dar una conferencia en Londres, en julio del año 36. En cualquier caso, un blog propicia la creación de otro espacio y si me interesa la astronomía es no únicamente por la indudable estética del vértigo de esos abismos impenetrables, sino también porque nuestro lugar en el cosmos se perfila mejor visto desde el espacio. Me interesa la distancia como concepto literario, el frío como necesidad de marco para las emociones [al modo en el que lo maneja Fleur Jaeggy] y lo inerte como contrapunto de lo vivo. En ese sentido, el cyborg es un híbrido que nos recuerda lo humanos que somos. La máquina y el blog, entendido como depósito de imágenes y memorias, nos recuerda que tenemos válvulas, pulmones, argumentos perecederos frente a la obstinada actitud de la literatura de sobrevivirnos. Por eso la elegimos: para que nos sobreviva.

OTRAS CÁPUSLAS

Buckminster Fuller: Operating Manual for  Spaceship Earth, de 1969. A Terra non é moito máis ca unha cápsula dentro da cal habemos vivir.

Abra la cápsula, por favor: blog de textos en castellano

[…] : textos únicamente de creación literaria. He elegido ese signo que simboliza la supresión de una parte del texto porque, textualmente, un escritor siempre siente que le falta algo. A veces lo hace a propósito y escamotea datos. En otras ocasiones esa sensación es fruto de su incapacidad para contar algo o el todo de ese algo.

BRAINSTORMING DE BLOG

invernadero

inmersión

hombre rana cósmico del que habla McLuhan

fuera-dentro

yo-tú-los demás

Mundo real- Mundo virtual

memoria

permanencia inventada

plataforma

en órbita

autopoiesis

mutación

mosaico

fractal

infolítico

la tiranía de la conexión

libro-libre vs. Internet-enganchado

carencia de la autonomía del papel

influencias del blog en la lite y viceversa

el caso messenger

la literatura mosaico

hacia el notebook maravilloso

tacto y olor?

movilidad?

blog desde el himalaya

influencias del blog en la literatura y viceversa

[TEXTO MATRIZ DEL SEMINARIO SOBRE BLOGS IMPARTIDO EN LA UNIVERSIDAD DE BARCELONA, MARZO DE 2009]

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