nieve vieja [0]

Estos días leo la palabra nieve. Repetida. En blogs. En noticias. Alguien me telefonea: vamos a ver la nieve. La nieve es una convocatoria. Imperativa. La nieve es un desafío. La nieve es un campo de juegos.  De duelo. En Evgeni Onegin lo es. Eso me lleva  a pensar en textos sobre nieve. De Nothomb. De Shonagon. Imagino que todos esos rusos que aún no he leído también habrán escrito sobre snieg. Nieve.

El 5 de noviembre del año 2005 publiqué una entrada en …mmmm…, por entonces llamado como kosmos, titulada Neve. Estaba embarazada sin saberlo mientras escribía eso. Esto último es irrelevante, pero ahora diré algo que no lo es: aquella fue la primera de dos entradas sobre el tema, que creo que en la literatura occidental comienza a ser obsesivo. Al despertarme, tras una mala noche, he pensado en una antología sobre textos o referencias a la nieve. En canciones, en películas, en cuadros.  En textos científicos. Cristales de nieve. Nieves perpetuas. No, es cursi. Demasiado peliculero. En blanco. Bah, el manido juego de palabras.

En el desayuno tomé, aunque parezca una broma, Nevaditos de Reglero. Aparecerían en mi antología, claro. Aunque esa concesión a la cultura pop me resulta algo extraña. Aparecería también un hotel de Nevada? Aparecerían Las Vegas? Aparecerían rayas de coca y pantallas de televisores sin sintonizar?

Fregué las tazas. Fregar es un acto muy sensato que, aunque deja volar la imaginación, te mantiene clavado a la tierra. No hay antología. No creo que la haya. Sólo hay unos textos que hoy quise traducir y colgar aquí.

ENTRADA 5 DE NOVIEMBRE 2005

El 9 de enero del año 2003 envié un mensaje múltiple a todos los seres registrados en mi móvil. El mensaje decía:

está nevando

Ese mismo día escribí un microcuento que entró a formar parte de La Criatura. El cuento decía:

9 de enero

está nevando

Me deleitaba lo que no iba a decir de aquel día. Como la nieve: un no decir nada.

A finales del año pasado me entregué a la búsqueda de un objeto fetiche: una esfera de cristal con casitas sobre las que neva cuando se le da la vuelta. Son viejos pisapapeles. Nadie usa ya pisapapeles. Usted es usuario de pisapapeles? Como los tirantes o el linimento o el bromuro en internados masculinos. Cosas que atestiguan que hubo un mundo antes que nosotros. Que no es una ilusión óptica de los viejos libros de Historia. Que nuestro enfermizo interés por el pasado tiene fetiches en forma de hierros para la ropa, carteles de cabaret o raspaderas de sílex.

O pisapapeles condenados a ser emblemas de algún futuro Museo del Kitsch.
Buscaba un pueblo nevado para pisotear todos mis papeles.

No hay mayor alisador de tiempo que la nieve. La nieve es la mejor palabra que se le pudo ocurrir al cielo. Podemos callar ante ella. Poco más. Adorarla. Marcas de rodillas en la nieve.
Reconocer que ni crisálida (tenía un profesor de esos con un hilo de baba entre los labios que a los 12 años nos aseguraba: crisálida  es la palabra más hermosa de la lengua castellana), ni katiuska ni ventilador superan en elegancia a la palabra nieve (ahora que releo, también baba sería una palabra hermosa: es abuela en ruso. Tiene algo babélico, morboso)

El refinamento es frío.Tanizaki lo dice.

Quien nunca ha enmudecido ante la nieve ignora el valor de no decir nada. Es como ese truco de hacer callar estando callado. Difícil decir algo significativo cuando se asiste a una nevada. El intento es patético.

Habrá quien coma nieve, quien se vista de nieve, quien se sacuda de orgasmos en la nieve, quien viva en casas de nieve y se dedique al intercambio de nieve. Habrá una reina de las nieves que lleve en su mano de nieve una esfera de cristal con los mundos todos para gobernarlos a su despótico capricho. Habrá también un Abominable Hombre de las Nieves que desprecie el contacto humano por algún despecho incurable. La palabra de la nieve y el mundo de la nieve merecen un silencio grande que hable por todos nosotros, por todo lo que sentimos aquí.

Los sentimientos pueden tomarse fríos. Adquieren consistencia en el frío. Somos los bastardos de ciertas glaciaciones. Tenemos derechos irrenunciables sobre el dominio y el imperio de la nieve.

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