la ordenación de un cosmos en el interior de un rostro.

Hace unas semanas escribí un cuento con ese título, quizás provisional.

foto tomada por Sandra G. Rey http://www.flickr.com/pequesquimal

El hecho de dejarlo aquí y por escrito puede resultar definitivo e incluso condenatorio si yo decido, por ejemplo, presentar ese relato a un premio. Resulta evidente que un blog no es un libro, y sin embargo todo este aluvión de páginas personales actualizadas lleva un tiempo royendo como una carcoma esas blandas pastas de papel que son los conceptos de autoría, de edición, de publicación. Me hago pública por derramar cosas aquí? Dejo de ser inédita por hablar de ese cuento, por colgarlo en este espacio invisible para muchos?

No voy a colgarlo aquí. El cuento. Me lo guardo. Aún no está maduro para ver la luz, para ser editado. Si esto que hago aquí puede llamarse editar.

A fin de cuentas… qué rayos quiere decir exactamente ser édito? Simplemente hacer que un texto abandone un cajón o -lo que ya viene siendo lo mismo- un cómodo limbo de ceros y unos en un documento de una carpeta de un ordenador personal?

Estoy publicando esta frase?

O no es muy diferente a pegarla en un papel en un semáforo por el que pasa gente diversa de diversas nacionalidades, edades, estudios…?

Realmente, cuál es el estatuto digamos legal o moral de tener un blog? Si uno abrió un blog hay 6 años y jamás publicó un libro, pero cuelga posts regularmente… puede llamarse escritor a sí mismo? Puede hacerlo con propiedad? Puede hacerlo con dignidad?

Escribe.

Cuál es la diferencia? Los intermediarios? La infraestructura que decide, corrige, edita, imprime, encola, fija un precio y distribuye y organiza una presentación? Con todos mis respetos, sí. Pero sucede que a veces esa infaestructura se ha revelado igual de parcial y subjetiva que uno mismo, en sí mismo, ensimismado cuando decide abrir un blog porque considera que atesora algo esencial que mostrar al mundo.

Son arenas movedizas y tramposas. Yo he publicado libros en papel pero siempre arrastré un punzante pudor a llamarme escritora. Esperaba un reconocimiento por parte de los demás, un reconocimiento que, de no anticiparlo uno mismo, no surge espontáneamente. No me bastó haber publicado 3 libros para llamarme escritora.

Me faltó haber lanzado algo a mi estilo, en mi atmósfera. Me faltó escribir aquí.

Esa fue la dosis que precisé.

Porque, de alguna manera, es indudable que aquí permanezco inédita. Y eso me proporciona una perspectiva muy diferente de lo que me queda por hacer.

Virginidad.

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