lista de títulos que no serán libro

Moebius

Las listas de cosas que una no hará jamás adquieren el estatuto de la saudade. Son como cartas sin enviar encontradas en el bolsillo de un muerto o carteles de fiesta en una ciudad bombardeada. Son lo que pudimos ser y no fuimos, son álvaros de campos concentrados, son genios encerrados en la intimidad de las botellas.

Una vez dentro de ese espacio filosófico las potencialidades del ser son plenas y así lo que nunca sucedió, ese imperceptible desvío del devenir, se vuelve explosivo. Un gran suceso. Sabemos que eso no tendría por qué haber sido así, pero nos gusta pensarlo. Todo habría sido mejor si…

Supongo que todo habría sido mucho mejor se yo hubiera reunido las fuerzas necesarias para publicar libros como estos que enumero y no los que publiqué. Es un pensamiento sucio, victimista, y por una vez no me importa. La puerta que abren es precisa para que yo respire porque todo yo necesita, al menos, la posibilidad de haber sido.

Siempre que me asaltan pensamientos así pienso en G. A él le secuestraron incluso esa posibilidad de haber sido. La mezclaron en un cóctel químico, en un vaso de precipitado. Y desde entonces, todo en él es precipitación y vacío.

Volvamos a las listas de cosas.

1.- De este lado del telescopio: no sé muy bien por qué, pero este habría sido un libro inolvidable. Lástima. No debo escribirlo jamás.

2.- Halo: un efecto interesante que acompaña nuestra percepción del mundo y de las personas. Pero hay trampa. Una parte de Zoommm se llama así. Y también un poema viejo. Llamaré Halo a un libro hipnótico y errante, uno de esos que flota con elegancia, para no ser escrito nunca. Tan sólo descrito

3.- Un glaciar a la deriva: eso es puramente escribir. Escribir bien. La ironía justa exige semejantes distancias

4.- Distancia: una novela sobre las ganas de no decir

5.- Arrasamiento: supongo que este sería un libro definitivo sobre algo. Tal vez un último libro de poesía antes de dedicarme por siempre jamás a lo efímero, a cantar, a deambular, a peinar niños, a medirme el escote…

6.- Criatura y telescopio: aleatoriamente, este sería un libro de textos muy cortitos

7.- Eco: una palabra evocadora, la ninfa que enamora de Narciso y vive condenada a repetir lo que otros dicen. Pienso que es una figura fatalmente literaria porque la literatura, al igual que toda arte o similar, funciona como una superposición de estructuras en eco. De ahí que Cervantes, Borges o Auster sean considerados [nos gusten o no] quintaesencias literarias: porque el material de sus invenciones fue extraído directamente de las entrañas y de los magmas de la literatura. Ocurre incluso con el cine o la pintura. Esa autofagia, también llamada intertextualidad en los círculos dantescos de la cultura oficial, posee un alto valor a día de hoy porque utiliza como referencias referentes previos y, por lo tanto, satisface nuestro mono platónico de reminiscencia.

Starwatcher, Moebius

8.- María Río: un alter ego. La verdad, durante un tiempo pensé buscarme un pseudónimo chorras, tipo Anónima. Las únicas veces que firmé con pseudónimos en mi vida, en revistas de universidad y así, empleé Galadriel [antes de la peli, desde luego] y Mitilene [excepto en internet, donde uso la criatura mecánica, opia o la criatura]. Y también María Río. Como alter ego no está mal. Sospecho que es una persona mucho más riquiña que yo, con ese nombre de galleta. Si mi nombre peca de filosófico y aristocrático, María Río funciona como una especie de niña postiza, un ser crisálida, entre proletario, anónimo y 1/6.600.000

9.- Textura: tal vez un libro de pequeños cuentos, textos, texturas. Algo a lo mejor difícil de clasificar en las bibliotecas.

10.- Z: tenía un libro de poemas llamado así que no sé dónde puse

11.- El genio encerrado en la botella: un libro de artículos o microensayos.

12.- Casi quasar: un hallazgo eufónico que me recuerda al título inicial de este blog, como kosmos

13.- Vodevil: quizás porque el factum de escribir arranca de una vileza. Quiero perdurar por encima de los demás. O, como mínimo, por encima de mí, de mi diseño mortal. La cultura de consumo y el espectáculo de variedades ofrecen metáforas muy ajustadas y actuales para esa vieja necesidad [necedad?] humana.

14.- Intimidación: la grandeza de un libro nunca escrito tiene, como mínimo, que intimidar. Las escritas grandiosas, los grandes párrafos de Lolita, Neruda, Macbeth, Vallejo, Woolf, llegaron a confundirme. Cuando leía Residencia en la tierra me dolía la cabeza. Esa sensualidad en los adjetivos, todo ese contoneo verbal y la imaginería vertiginosa jamás antes imaginada lograron intimidarme hasta tal punto que hube leerlo en la habitación sentada contra la puerta para que nadie abriese. En todo semejante al onanismo, a un onanismo de descubrimiento. Después de leer textos así, una traga saliva a grandes tragos, luminosos, como quien bebiera uranio. Hay un desagrro en el tejido espacio-tiempo. Comprendemos algo, un algo fugaz que es algo. Y nos sentimos amenazados. Sí, amenazados de belleza. Intimidados pues, allá en la noche de nuestro cráneo [me estoy excitando, barroquizando por momentos], hubimos de imaginar barbaridades léxicas semejantes, teníamos los elementos, las sensaciones, nos faltó la gramática. Llegaron ellos, Clarices, Jaeggys, Bernhards, Vallejos, Szymborskas, Tizones, Rulfos, Taramancos, Coetzees y lo hicieron. Con un boli, pluma o qwerty. Lo escribieron. Esa connivencia, esa clandestina electricidad de uno a otro, ese arco voltaico entre un cráneo que escribe y un cráneo que lee dentro de una cama con una bombilla de 60… eso intimida. Es fantasmal. Espantoso. En cierto sentido, monstruoso y tan apetecible.

15.- […]: por supuesto, Puntos suspensivos es uno de los nombres que barajé siempre para cualquier cosa. Un blog que ya llevo, por ejemplo. Incluso el propio signo, sin más, aunque suene a capricho estilo Prince. Supongo que todo libro se fabrica de los silencios de otros libros y, si es verdad que no existe el libro definitivo, cualquier gran obra [y también aquellas menores] consiste en una fina línea de puntos en suspensión hasta la siguiente.

Datos de interés: en Marte también amanecen con rocío. Sin duda, habrá poetas marcianos que escriban textos llamados Orballo en Utopia Planetia o El rocío que no nos dejó arrancar. Determinar si  esa es una buena o una mala noticia para el resto del sistema solar, dejo que lo decidan ustedes.

Anuncios