en el norte de un país del sur del hemisferio norte…

… tengo la manía de vivir desde hace unos años.

Conduzco a más de 120 por la autopista únicamente cuando voy sola y regreso. Ayer regresaba y en el peaje ya olía a sardina requemada.

La mejor pesadilla del Bosco tiene lugar a orillas del mar de la ciudad donde vivo. La noche de San Juan, donde nadie recuerda a santos ni a juanes, pero sí hogueras, leña, sardinas, alcohol y playa nocturna. Una ciudad pequeña, toda ella disfrazada de Zara la mayor parte de los días, se transforma en un mister Hyde fantasmagórico para que cada habitante expíe sus males como malamente pueda.

Para arder nos vale cualquier cosa: una cama vieja, un mal amante [no, esperen, ése no prende ni de coña], un libro malo, cajas de fruta, sandalias de tacón finísimo, estatutos de asociaciones infinitas, multas, cables de ordenador, conjuros de la Queimada perpetrados por un asesino a sueldo, pajaritas de papel dobladas por una lesbi japonesa en la soledad del siglo XII, esta lista de cosas…

La noche de San Juan [más cerca del Walpurgis pagano que del pobre decapitado San Juan Bautista] es la fiesta preferida de las que no usamos rotulador rojo para señalar círculos en el calendario. La fiesta preferida de las que odiamos no festejamos las fiestas. La fiesta preferida de las aguafiestas. Y de las brujas.

Foto de J. Quintana
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