kozmic muffin

Qué sucede con el kosmos?

Una vez le escuché a un escritor que deberíamos dejar de mirar tanto el cielo y preocuparnos más por los mundanales ruidos. Lo decía refiriéndose a los graves problemas que atascan a la humanidad en tuberías sin salida. Lo decía refiriéndose al gasto de la NASA en relación al gasto por ayudar a media África a no contagiarse más el virus del VIH. Lo decía un premio Nobel.

Los premios no me impresionan lo más mínimo. Sé de dónde proceden. Al igual que títulos académicos o cualquier firma estampada sobre papel caro: no vale más. Aunque yo asistía a la conferencia de aquel premio Nobel, su pequeña demagogia que enfrentaba en la balanza curiosidad cósmica y problemas sociales me pareció una burda manipulación: por qué una cosa u otra?

En el Anuario económico y geopolítico del 2005 leo que la esperanza de vida en Sierra Leona es de 35 años. Como en el neolítico. Con la preparación física de años que se requiere en la NASA, ningún habitante de este país africano puede aspirar a ir en misión tripulada a Marte [en el caso hipotético de que pudiese acceder a toda la preparación mental y estilo de vida previos]. Probablemente, fallecería antes. Aunque viva como un sultán. La longevidad se hereda, somos lo que han comido nuestros padres y abuelos, somos sus infecciones, sus tumores, sus deformidades. Ciertamente, los humanos vivís vivimos desordenadamente. Las chapuzas sociales arreglan algunas goteras pero el tejado sigue sin alcanzarnos a todos.

El cielo, en cambio, sí alcanza para todos. O debería.

La curiosidad que alimenta su estudio, la profundización en sus misterios, la sucesión de teorías o modelos que expliquen su génesis o su futuro, la simbiosis entre materia y vacío… esa curiosidad es tan humana como la risa o la mentira. No puede contraponerse a la urgencia en la correción de medidas sociales, corrección de organismos fantasma como la ONU, reparto de riquezas, mercado del petróleo o I+D. El estudio del cosmos es el estudio del ombligo humano: ninguna criatura ha crecido sin haberse metido el dedo alguna vez.

Ambos asuntos conciernen a la raza humana: su contexto cósmico y el caótico equilibrio de sus habitantes. Su kosmos y su kaos.

No una cosa u otra.

Matizo: en toda esta investigación espacial, me apena enormemente que hindúes [ese pueblo indescriptiblemente dotado para las abstracciones matemáticas, tal vez a causa de sus miles de divinidades] y rusos [ese pueblo escarchado, hipersensible y alcohólico que empezó a fabular con el cosmos en forma de ciencia ficción y una precisa ingeniería] aparezcan como eclipsados por los sempiternos ingleses y americanos en la constelación de investigadores del universo.

Sólo perdono a Sagan [Cosmos fue una serie mitológica]. Pero no a Hawking.

Por lo demás, lo vergonzoso no es que el gasto celeste supere al gasto humanitario. Lo vergonzoso es que se llegue a acuerdos internacionales en materia de derechos humanos, comisiones, altos comisionados, condonaciones de deuda externa, y que su brutal atropello por parte de quienes firman para la foto siga siendo constante y acallado por servicios de seguridad, blanqueo de imagen y otros dispositivos más o menos políticos.

Mientras tanto, el límite de Chandrasekhar acecha para colapsarnos. Tanto si somos estrellas como si no.

Datos de interés: Kozmic Muffin, grupo gallego experimental de los 90. Su magdalena cósmica inaugura esta categoría. Me encantaba su sonido [nada poppie, sino progresivo] y una entrañable y extraña relación me vinculó durante un tiempo a su batería: ambos actuábamos en una campaña municipal de reciclaje de residuos urbanos. Él disfrazado de puerro; yo, de colegiala listilla.

Nunca he vuelto a saber de él

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