criatura mecánica déshabillée

A chave dourada. Helenbar

Comenzar cualquier cosa, una manzana, un cuaderno de dibujo, un nuevo país, tiene algo de inocente y confiado. Confiamos en su continuidad. En su significatividad sobre la tierra.

Con un blog sucede lo mismo.

A los que ya me conocen de …mmmm…, sabrán cuáles son mis preferencias y mis veleidades [siempre me apliqué esa palabra]. El cosmos, los cyborgs, la nieve, el sarcasmo, las copias, las criaturas mecánicas, la neurología, la memoria, el punk rock, la robótica, las listas, China, África, las islas del Pacífico, el Caribe, los números, Galiza, mi diminuta ciudad en la esquina del tablero…

El fin de mis reflexiones? Probablemente ninguno. La alfabetización [casi] universal nos ha proporcionado la amable ilusión óptica de que todos tenemos algo interesante que decir. Pero saber expresar algo no dota de un significado trascendente a nuestras palabras. Ni siquiera lo espero de las mías propias. Claro que estás aquí, has llegado hasta aquí y has seguido leyendo.

Y entonces es donde entran en juego mi brutal inocencia y candor.

Si me sigues leyendo, entiendo que he de seguir escribiendo? Cuál es la trampa mortal? La que yo te tiendo o la que me tiendes tú? Quién de los dos hace daño a quién? Quién hace el favor? Hay algo físico o, al menos, astrofísico, en esto?

Me intriga enormemente tu rostro. Pero esto ya lo he escrito infinidad de veces. Y siempre imagino un rostro distinto.

En la maraña somos anónimos y desiguales. Luchamos por una posteridad de pacotilla. Que me recuerdenY el mundo entero sabráNo pueden publicar eso de mí… Son frases que he escuchado a contemporáneos. Que he pronunciado incluso yo, que tengo una voz grave y doy la impresión de ser juiciosa y letal.

Nos cuesta creer que todo esto no es un escenario. Nos cuesta creer que no somos observados. Leídos. Digitalizados. Duele no figurarnos en el ojo de la cerradura de un joven de 20 años que dibuja en su cuarto. En el ojo de la cerradura de Alicia. En el ojo de la cerradura de una mujer bella hasta el desaliento que sube sus panties y nos invita a cerrar la puerta tras de nosotros.

Nos duele no actuar.

Somos significativos? Tal vez. Merecemos la posteridad? Probablemente. Seguiremos siendo anónimos? Sí. Seguiremos escribiendo este blog? Sí.

Seguirás leyendo para inyectarme tu vida?

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