rea

mulleresgatos

Comparezco ante el tribunal de escritoras.

Queridísimas Safo y Virginia

adorada Sei Shonagon

penetrante Simone

no quiero olvidarme de ti

ni de Margaret

ni de Marguerite

María Xosé acude puntual a la cita

y toma asiento, entre Luísa

-quería volverte a ver, perdona-

y Rosalía. Clarice fuma su silencio.

Fleur se dedica a ser elegante

como un puñal enfundado en piel vuelta.

Sor Juana Inés absorbe su tequila y me hace un gesto: te comprendo.

Me comprendéis?

Me comprendéis?

Sí, te comprendemos.


Habéis tenido hijos? Habéis llevado una casa, una nación

una tradición cultural, un ecosistema

una intuición y una esteatopigia

sobre el peso de vuestras espaldas

agitadas de plumas

y escotes de ángel?

Algunas hemos, sí. Otras no hemos, no.

Somos hermanas, entonces?

Lo somos.

No me mintáis. Os admiro.

Nadie te acusa entre nosotras. Para qué nos sigues convocando?


Me acuso de vivir viviseccionada

de no poder escribir lo que desearía y cuanto desearía

por sobredosis de mujeriosidad.

Me acuso de no haber parido la gran novela que prometía a los 12 años

sino un hijo, algo que, según Onetti o Jelinek

impide a las mujeres alcanzar el estatuto de verdaderas artistas.

Me acuso de no pertenecer a vuestra estirpe

de haberme separado de vosotras

de la esfera redonda de vuestra concentración

para mezclar mondas de patatas con teorías de redes

energía oscura del cosmos profundo con una superficial vida de provincias

la sofisticada vergüenza moral de Guantánamo con la emoción barata

de escuchar perorar a mi hijo.

Me acuso de no haber rapado mi cabeza

de no haber vendido todas mis ideas originales [entre 0 y 1] al mejor postor.

De no haber destacado.

De haberme sumido.

De haber dependido de los mass media para traspasar el tiempo.

Ninguna de vosotras hablaría como madre. A excepción de Rosalía

a quien todo se le permite.

No he vivido entre caníbales, Margaret.

No me he arrastrado por el vodevil parisino, Colette.

Ni siquiera he cambiado de sexo, Elisa. Nací mujer

y las leyes me han apoyado con cuotas femeninas. Sí, las leyes. Sólo las leyes.

Y en el fondo podría casarme contigo, Marcela

Jeanette Winterson, Mónica Cavallé.

En el fondo, he podido abortar cuando he querido.

Y lo he reivindicado todo con el puño en alto y una matriz

de uranio empobrecido.

Sobrevuelo la vida y aquí me encuentro:

escribo sólo gracias a que mi madre

le lee un cuento a mi hijo

le lee un cuento a mi hijo al otro lado del mar de África

le lee un cuento a mi hijo bajo la galaxia Andrómeda

que nos devorará, por lo visto

y juntos, abuela y nieto, forman un sistema lateral en esas redes cuyos nodos son calcio

y espina dorsal de nuestra sociedad

lejos de Google

de McDo

y varios metros por encima del petróleo de mierda

que serpentea esta ciudad camuflado de Zara.

Abuela y nieto: un binomio estéril en la gran ecuación del universo

su expansión se explica sin ellos

la crisis se resuelve sin ellos

todo funciona sin ellos.

Menos yo.

Me diréis, qué nos importa? Noñerías.

Aporta algo a la causa femenina.

Qué aporto?

Un hijo varón.

Cambiarías un lugar en nuestro Parnaso por él?

Nunca.

Olvidarías escribir por él?

Sí.

Rechazas el tiempo masculino, ese tiempo de doncellas y sirvientas

ese tiempo de secretarias y nodrizas

de lavanderas y microeconomistas

de agentes editoriales

y lumis

lumis mecanógrafas que copiarían esto de perlas

a cambio de estar con él?

Lo rechazo.

Eliges no vestirte en la Boutique Posteridad

por verle jugar a tu lado

como hace ahora

burguesa maldita

ingobernable occidental al noroeste del sur

compresa de sangre arrojada a la pantalla que os refleja?

A pesar de todo, lo elijo.

Y el siguiente verso que iba a escribir

-mamá, dime si está bien de sal

conozco su fórmula química

pero no la proporción idónea en cada plato-

lo declino por servirle una cena caliente.

Y por si fuera poco, un baño.

Condenadme.

Queridas bastardas de vuestra propia estirpe.

Condenadme a ser una cualquiera.

Te condenamos.

Imbécil, te condenamos.

Ya eres una de nosotras.

Haz funambulismo para escribir cuatro líneas al día

y vigila

que el periodo no coincida demasiado con la inspiración

ni el embarazo con la escritura de tesis.

Como hemos hecho todas, bastarda de la letra e

como hemos hecho todas

con nuestro pelo achicharrado por el rayo del genio

bastarda y madre y monte de venus

como hemos hecho todas, mujerzuelas escritorzuelas madrezuelas

cazuelas y compotas

sabiendo a cuánto va el kilo de azafrán y el terabyte de ideas nuevas

con qué ángulo cuelgan nuestros pechos y la órbita terrestre

cuántas cocacolas hay en la nevera y en la Palestina de Arendt cuántas naciones

ya eres una de las nuestras.

Te comprendemos, calla la boca.

Escribe, zorra.

Estíbaliz…Espinosa 2009

Explore posts in the same categories: bastidores

Comment: