if it be your will

that I speak no more

and my voice be still

as it was before

I will speak no more

I shall abide until

I am spoken for

If it be your will.

La versión de Antony de este tema de Leonard Cohen [con esos coros de mujeres tan Cohen] in crescendo en un coche a 130 110.

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el simio asimilado

[traducido de post del 9 de mayo de 2009 en ...mmmm...]

Mon semblable, mon frère, criaturamecánica, desocupado lector, recuerda esto: no te parezcas demasiado a mí, no pretendas ser demasiado humano. Nuestra especie acaba con todo aquello que más se le asemeja.

Los neandertales hace entre 200.00 y 28.000 años. Comenzaron siendo un tímido ellos, luego un vosotros, luego casi nosotros. A día de hoy, un yacimiento de preguntas.

Los chimpancés: quedan sobre 150.000 [datos de Lindsay, 1999]

Los gorilas: unos 100.000. Aún no se ha concluído con certeza cuántas especies o subespecies de gorilas existen. Una vez exterminados por completo, quizás disfrutaremos de una visión más clara de  a cuántas especies exactamente  nos cargamos desaparecieron misteriosamente una tarde de niebla.

Los orangutanes: quedan sobre 30.000. Cabrían todos en Carballo.

En total, los grandes simios no llegan al millón de habitantes en toda la tierra. De pretender unirse ni siquiera conformarían un país tomado en serio, serían algo así como Mónaco o Liechtenstein, una república [una mona-rquía] de monos gandules dedicados al blanqueo de dinero y a los deportes de despiojamiento. Los primates están rodeados. Rodeados de nosotros. Los primos primates. Los primates con tendencia a números primos.

Hemos de componerles muchos panegíricos en lo que nos queda de vida juntos sobre la tierra. Recaudar mucho dinero para ellos, filmarlos en libertad e inyectarles una música emotiva en la sala de montaje. Aún nos queda por hacer mucho paripé.

Claro que por otra parte, cabe la siguiente pregunta: cuántos grandes simios poblarían la tierra de no figurar nosotros entre ellos? Muchos más de un millón?

Esto no es un alegato. No son buena alegando y no se me dan los alegatos. Pertenezco a una especie que crece, extermina y compone sinfonías. Extermina, sobre todo, aquello que más se asemeja a sí misma. Caín mató a Abel, los hutus a los tutsis y los japoneses a los chinos. Los franceses a los alemanes y los alemanes a los polacos y los ingleses a los irlandeses. Matamos a nuestra imagen y semejanza.

Eso es la competencia. Eliminar, a veces no a propósito, a aquellos que coinciden con nosotros. En hábitos, en apariencia, en… En.

Los extraterrestres, si existiesen dotados de inteligencia, deberían aparentar ser diametralmente opuestos a nosotros. En el próximo Disco de oro que lancen a las estrellas no estaría mal incluir esa cláusula preventiva: Somos así. Recomendamos por su propio bien que sean de otra manera y, por favor, no nos lloren con el Adagietto de la 5ª de Mahler ni establezcan lazos sociales por miedo.

Mon semblable, mon frère.

Qué miedo.

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proyecto

Sabemos que a veces buscáis proyectos
con personas
a las que deseáis acariciar.
Que vuestra nuestra caricia es
el proyecto.
Sabemos.
Humanos.

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aquí nos tenéis

Quién puede mirar un abismo a los ojos
y decir: te tengo.
Te atrapo.
Te lamo.
Te muelo.
Te animal. O
te escribo.

Nosotros no.
Y sin embargo
aquí nos tenéis.

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momentos estelares de la inhumanidad

Las cámaras andan por todas partes salvo por donde deberían. En no pocas ocasiones echamos de menos una o varias, desde ángulos distintos. Tendrías que verte, decimos. No me digas que no lo has grabado, amenazamos ante alguien con cara de complemento circunstancial de cuyo cuello pende una cámara bien metida en su estuche, mientras come tranquilamente. Debido a nuestro cósmico pavor a no dejar registro de cuanto nos parece registrable [todo, prácticamente] las cámaras, grabadoras y demás mecanismos de captura se incorporan a cualquier dispositivo, desde móviles a juguetes. Y llegará el día en que se nos transfieran a la piel, como un tatuaje, para ir grabando la vida a base de pestañeos o chasquidos de dedos.

Sin embargo, las cámaras no estaban hace dos siglos, en el interesante principio del XIX. Ni hace cinco ni veintiocho. Una de las virtudes del cine digital y las imágenes creadas por ordenador es su reversibilidad. El cliché las vincula al futuro y a la ciencia-ficción y olvida que también funcionan la mar de bien en el pasado: podemos recrear escenas ya no sólo históricas [algo que el teatro, el cine y sus decorados han cumplido con sus más y sus menos], sino mucho más antiguas.

Escenas previas a la vida humana, por ejemplo.

La tierra se forma –o así lo aseguran casi todos- hace 4.600 millones de años. Según esos científicos, pasa por fases y travestismos de escándalo: se congela tipo bola de nieve, se llena de metano, es bombardeada mil veces por alegres y despreocupados meteoritos que no solo no matan a nadie, sino que… En fin, es mucho tiempo, muchos cambios, primero sin agua, luego con ella, que si el ozono… Cómo sucedió todo eso? Podemos leerlo en las distintas publicaciones y teorías científicas pero hasta ayer no podíamos verlo.

Una meganeura [libélula gigante] pasa volando y golpea a la cámara; la cámara no se pierde a un gorgonópsido de caza; su visor se moja con el agua en cuyas profundidades acabamos de ver a los primeros estromatolitos conspirando vida bacteriana y ella, la cámara, asiste imperturbable a miles de años de aire irrespirable y temperaturas mortíferas; a través de ella hacemos zooms de vértigo, desde el interior explotado del meteorito del golfo mexicano hasta una diminuta primera semilla voladora, vemos morirse las plantas que serán carbón y los peces que serán petróleo [serán petróleo, mas tendrán sentido], nos extinguimos y explotamos no sé cuántas veces, podemos detenernos en el aire ante el carámbano de un glaciar y seguir el recorrido de una gota en su interior, ver una luna primeriza -veinte veces mayor que hoy- ruborizada aún a causa del polvo incandescente del que nace, escrutar el interior de las algas y los asteroides cargados de proteína nueva, ver desplazarse continentes, elevarse el Himalaya, asistir al sosiego arbóreo de un joven homo del Rift, antes del cambio climático que lo empujó un poco más hacia nosotros.

Son momentos estelares, prehumanos, emotivos a su manera, un poco inertes en sí. No vemos napoleones, grandes pasiones humanas, sutiles odios y venganzas, interiores domésticos. Pero de algún modo ese meteorito es presentado como un capitán enemigo, el huevo con el lagarto verdeazulado compone una escena íntima, los anodinos estromatolitos contagian de su persistencia, de su manía por vivir… Hasta las primeras babosas pluricelulares que se arrastran por el suelo marino nos tienen un aire simpático, chaplinesco, de voilà.

No había cámaras allí, pero la tecnología nos ayuda a avanzar un poco más hacia atrás, con imágenes a las que primero han llegado los dibujos animados [Fantasía, de Disney] . Poco a poco incorporamos más ingredientes de verosimilitud al bizcocho y el resultado es un documental como este, que seguramente quedará obsoleto en poco tiempo, pero hoy todavía capaz de emborracharnos. La formación de la tierra de -cómo no- su majestad National Geographic, escoge para nosotros algunos momentos-estrella en este largo periplo de miles de millones de años, entre los cuales la vida humana ocupa una dimensión de brizna. Es uno de esos docus de los que soy un poco bastante fan, a regañadientes lo de ser fan por lo poco fan que soy de ser fan.

Otros en ese estilo [tecnología al servicio de la imaginación, de la cámara imposible] son La tierra sin habitantes o La tierra sin nosotros [los dos muy parecidos, como mellizos hijos de productoras recién divorciadas]. Hablé de ellos hace un tiempo, aquí mismo.

La formación de la tierra cede el protagonismo indiscutible a la tierra, claro, detalle estético que comparte con los otros dos documentales que acabo de mencionar. De hecho, los humanos no aparecen si no es para mostrar cómo transforman su superficie: veremos sus famosas huellas primitivas y, ya hacia el final, el mosaico luminoso de sus ciudades. Nada más. No esperen primeros planos de rostros piojosos con su destello de inteligencia en el eclipse del iris, no esperen manos pintando bisontes con soltura o afilando esas hachas de piedra tan abundantes. No hay nada de eso. Sólo protohumanos vistos mal y de lejos. Eso sí, la tTierra es contemplada con arrebato filial, sus lavas, sus lluvias ácidas, su tenue vibración bajo el gas metano, su aspecto progenitor como Pangea, su aspecto de abuelita despistada como Gondwana, su tatarabuelo aspecto ya para nada acogedor como Rodinia, sus días de 6 horas, sus bosques, sus criaturas. El perfil de la tierra nos sobrecoge, como a marcianos o a cosmonautas, pero sobre todo como a terrícolas de paisano.

A pesar de estar buscando piso hace ya tiempo, dejar este nos llevará lo suyo, nos costará mucho, muchos documentales como este para llevarnos en la mudanza. Y para irnos mentalizando de que, por muy habitable que nos parezca ahora este planeta, ni por asomo lo será eternamente.

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ciertos títulos por publicar en los próximos ochenta años

aquí, rumiando títulos

Criaturas sin fin

Papel a punto de / Papel a punto

Blanco a punto de

Nieve a punto de

Halo abismo

Magnitud

Escalofrío

Hormona

Impresión humana

Abismo a punto

Cryo

Base de datos: magnitudes  /compulsiones /

No ver a nadie en mucho tiempo

Un talento

Instinta

Energía oscura

Dos abismos

Abismo

En ocasiones me obsesiona pensar que pasaré el resto de mi vida reuniendo fuerzas para publicar. Para publicar-me. O te. No sé. Algunos de estos libros ya están cortados sin patrón. Falta la Singer, la máquina de la paciencia prodigiosa. Oh,  estar ya en la cara interna de un cuento ansío y suturarle las costuras con agujas diminutas de narradores en posturas absurdas, con medias res y frases talladas hasta guillotinar aliento. No quiero ver a nadie en mucho tiempo.  Entre esos títulos, hay algunos que han de confeccionarse aún. He empezado mi vestido literario por el agujero del cuello: he medido la garganta y he trazado un círculo en el aire preimpreso.

Podemos subrayar frases con nuestras uñas virtuales?

Por si acaso, que lo sepan, voy registrando los títulos. Los registro en mi memoria. Nuestra única propiedad evanescente, deformidable.

[En el texto previo se incluyó un adjetivo a la violeta: señálenlo, perros, queridos]

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descomposición de las fiestas en factores primos

Nieve sobre hogueras de San Juan. Muérdago contra el sida en la solapa. Disfraz de camello real. Baltasar nadando a braza en la playa de las Catedrales, 30º. Papa Noel de penitente en via crucis, con látigo de siete colas. Astenia primaveral en Belén. Olentzero y Apalpador brindando con cava. Uvas del valle del Jerte. Peliqueiros de Laza azotando con espumillón. Virgen alérgica al polen. Herodes de magosto en Ourense. Caganet sorprendido en medio del Walpurgis. Melchor en la tomatina. Gaspar en la Oktoberfest. Angelitos con cabeza de calabaza. Oro, incienso, un libro y una rosa. Jesusito en el globo de Betanzos. Mula declarándose a Buey por San Valentín.

Fiestas. Fiestas. Fiestas. Siempre y cuando y como uno las quiera.

Naviz Felidad.

 

Estíbaliz…Espinosa, 2008 [DVD]

 

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hilo sin fin

Asentar una entrada de blog en el cimiento temático de Casablanca -esto no es un blog de cine, yo no soy crítica de cine, Casablanca no es mi peli favorita, ni siquiera la mencionaría entre las 20 primeras- es como dárselas de original en un examen de 1º de filología respondiendo a la pregunta: Relación entre Don Quijote y Sancho Panza en el Quijote de Cervantes. Camino por una senda tan asendereada ya, que a nada que teclee me topo con montones de cráneos y esquirlas de esqueleto de los que se adentraron antes que yo y fueron carbonizados por el rayo del tópico, o ahogados por el tsunami del cliché. No voy a intentar decir nada viejo ni nada nuevo ni sé por qué lo hago. Captatio benevolentiae terminada. Ya pueden darme la palmadiña en la espalda, admirar mi humildad de frasco y seguir leyendo.

En algún canal de TV que no he logrado almacenar en mi memoria, pasan un especial de Casablanca: emiten, durante todo un día -con presumiblemente su noche incorporada- y sin apenas tregua, Casablanca.

Qué viejo es el esqueleto de Casablanca. Qué ingenuo en su ingenio, qué estado de gracia alcanzado a través de la casualidad y el no tener ni idea [un guion mutante, con lo que los actores ni sabían cómo iba a rematar la cosa], una peli en la que los hombres resultan admirables pese a ser repugnantes [la elástica Bergman ama a Bogart incluso después de que este, viejuno y borracho tras las maravillosas celosías de la iluminación, insinúe que es una puta], admirables pese a ser algo pedantes [Lazlo en el Rick's dirigiendo la Marsellesa en un estado de lamentable admirable patrioterismo con mechón de pelo incluido sobre las denodadas sienes], admirables pese a todo y a todas.

Ilsa abandona a Rick y Rick abandona a Ilsa -eso sí, heroicamente, por ideales mezclados y no batidos con rescoldos de amor-. La música catartiza a todos [el pobre Sam esclavizado cruelmente a tocar una y otra vez la partitura que trata en vano de no recordar; el himno francés se superpone melódicamente al himno alemán y los alemanes, en un acto coral por completo inverosímil en unos soldados borrachos, dejan voluntariamente de cantar, entre aspavientos de derrota. A ver qué sorchos desafinando con insensata alegría se mostrarían dispuestos a tal cosa: a reconocer que su canción es más fea y se escucha menos...].

El ambiente de toda la película vaporiza de magia lo inverosímil y, por un milagro, acabamos por creer.

cayendo en el rancio mitismo

Me quedé viendo Casablanca por idiotésima vez. Me hechiza cómo, sin pretender hechizarnos, lo logra generación tras generación. No es ni de lejos mi peli preferida, pero por alguna razón me mantuve en mi sitio: por ver de nuevo esa trama trapecio suspendida en el aire, contorsionismos de revólveres inesperados siempre a la altura del intestino [moda de la época], diálogos de lanzadores de cuchillos, acrobacias sin red sobre cosas no dichas, fenomenales mujeres barbudas a guisa de secundarios. El mayor espectáculo del mundo envejeciendo como puede.

Y, basta ya de condescendecias, haciéndolo con dignidad.

El enigma de Casablanca reside en los trasvases de información: todos saben un poco menos de lo que querrían y alardean de saber un poco más:

El gordo sabe que los salvoconductos.
El francés aguado también sabe que los salvoconductos.
El nazi-como-no-podía-ser-de otra-manera-malvado [gran precedente del Hans Landa de los basterds, en especial en la escena en la que come caviar] sabe que Lazlo.
Sam sabe que Rick.
Lazlo sabe que Rick e Ilsa.
Ilsa sabe que Ilsa.
Llegados a un momento del metraje, uno de los empleados de Rick le confiesa: Y luego voy la una reunión en… y Rick lo corta: No quiero saberlo. Es evidente: sabe.
El francés aguado quiere tirarse a una joven búlgara recién casada: ella está dispuesta a semejante suplicio [para variar, el tipo es feo y enano] si así logra un puto visado. En ningún momento del film se explicita eso, pero sí se permite que lo deduzcamos fácilmente. Se sabe.

Por abreviar, todo Casablanca es una gigantesca insinuación entre penumbras geométricas. Al igual que sucede con otra peli similar en culto y en carecer de sentido y trama claros [Blade runner], todo ese humo, todas esas vacilaciones e inseguridades traducidas para la  pantalla grande en insinuaciones y suspenses y elipsis le confieren la dosis de misterio precisa para que convalezcan en la eternidad de las grandes.

Esa contractura constante entre lo que se dice y lo que se quiere decir en el envés, supone una de las muchas proezas de Casablanca. En su cuarto de hotel, Lazlo le pregunta a Ilsa: Cuando estuve preso en el campo de concentración, te sentías muy sola en París? En el subtexto: Te has liado con ese Rick?; Ilsa a Sam en la escena mítica: Tócala para mí, Sam/ Dime por dónde anda Rick, Sam, atráelo con tu voz de sirena negra; Este es el principio de una hermosa amistad/ Somos igual de cabrones, pero vamos a  volvernos unos patriotas del carajo a partir del último título de crédito.

Buena parte de las tramas memorables que, justamente por eso, recuerdo, juegan con una insinuación más o menos torpe de algo: Pedro Páramo y la muerte, Godot y el sinsentido de la espera, Los hermosos años del castigo y lo terrible en Frèdèrique. Lo que me lleva la concluir que al cerebro humano, al mío sin ir más lejos, le gusta ser insinuado, disfruta con un pie en el filo de la malinterpretación, de la vacilación, de la posibilidad.

De la posibilidad de que?

Quizás de la de haber sido otra cosa.

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un slurp de texto

Su mano cálida de niño en mis guantes de lana barata. Caminamos por el sendero asfaltado, unos nanosegundos por detrás de nuestros alientos. El frío rodea el colegio con su invisible capa color centella. Es en días así que duele el sol.

Seguimos a una mochila. Es de plástico chino, como casi todas, con la salvedad de que esta se bambolea alegremente en la espalda de un chino auténtico, de unos seis años, que toma la mano de su padre. A este lo reconozco. Me ha chapurreado cosas en su tienda, si por casualidad he entrado a preguntar por pantallas de papel o temporizadores de horno. En una ocasión también le pregunté cómo se decía hola en chino. Quería que mi hijo viese que es posible hablar chino con un chino. He olvidado drásticamente cómo se decía hola en chino. Sólo recuerdo a Scarlett Jonahsson en una peli mala con sus labios inmarcesibles Ni hao!

Nos cruzamos con varios padres que regresan tras haber dejado ya a sus niñitos en el útero subvencionado de la Xunta. Las mañanas son de los papás -adustas, de pocas palabras- en tanto que los mediodías, con su emblemático sol y su hormigueo de jornada cumplida, son de las mamás o las abuelas con restos de croqueta o sangre seca bajo el pulgar. Los niñitos caminan sin gana, atareados en contemplarse la punta de los pies hasta que reparan en los columpios a lo lejos, tras el vapor de la mañana, ese bostezo de vapor tan cerca todavía de la tierra. Echan a correr como abalorios de un collar roto, con sus bufandas de colores ondeando al viento y los yogures líquidos a todo batir en el interior de las mochilas.

Al corrillo de madres se incorpora tímidamente la ucraniana, sus piernas de gacela, por algo la mamá más deseable de infantil. Saluda a todos con su sonrisa políglota, charla con cortesía, sin artículos determinados, con des duras, postsoviética y flexible como una gimnasta retirada. El parloteo es insustancial, por tanto necesario. Suena la musiquita folk que indica que debemos largarnos para no inmiscuirnos en el ritmo de la pedagogía. Los niños nos dicen adiós con la mano mientras no dejan de empujarse y pellizcarse en secreto, en la fila.

Regresamos por el camino asfaltado, hacia la verja de salida. Ahí se quedan esos trozos de intestino perfumado hasta dentro de cinco horas. Iremos a rescatarlos, oh, sí, y para entonces habrán escrito docenas de ies torcidas con sus puntos importantísimos orbitando el papel. En su colegio multicultural de barrio barato. Orbitando un centro urbano, que a su vez orbita un centro nacional, que a su vez, periferias de periferias, los puntos sobre las íes, los chinos Ni hao, los negros, los gitanos. Las mañanas frías en la periferia helada. Los niños que corren. El amor.

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ilegítimos dominios que no me

 

La literatura. Nunca me esperó.

Ahora soy idiota.

He vuelto!- anuncio

Y a mí? A mí? Qué coño me importa?

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